The Guardian adopta la fórmula ‘hazte socio’ para su financiación

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El diario británico The Guardian acaba de anunciar que abre la puerta a una nueva fórmula de financiación complementaria para poder hacer posible un periodismo de servicio público. Lo llaman “Guardian membership”, una especie de club de lectores que “compartan la causa del Guardian“, explica su editor Alan Rusbridger, que también dice que durante los últimos años se han dado cuenta de que muchos lectores más que “suscriptores” quieren ser “miembros” del proyecto periodístico que representa The Guardian.

Los lectores más fieles de este medio pueden aportar hasta 60 libras al mes para colaborar y ser parte del Guardian Membership, en diferente grado: friends, partners y patrons. A cambio, el periódico tratará de mantener una cercanía especial con esta comunidad además de realizar debates, encuentros con la redacción y actividades culturales específicas para ellos.

Y aquí tengo que parar para alisarme los pelos de punta.

En España, eldiario.es vamos a cumplir dos años poniendo en práctica este mismo modelo, con resultados extraordinarios: más de 8.500 personas son ya socias de eldiario.es y garantizan nuestra viabilidad económica. No son suscriptores que pagan para leer un contenido sino cómplices en una vocación social, que es el periodismo de servicio público. A cambio, participan de una comunidad en la que tratamos que se sientan bien cuidados. Pero no es consumo; es complicidad.

En eldiario.es hemos dicho muchas veces que “nuestros socios no pagan para leer, pagan para que se sepa; para que nuestro contenido llegue lo más lejos posible”. Por eso no hay muros de pago ni contenido exclusivo para el que paga. Dice The Guardian para explicar su nueva apuesta: “la mayoría de los lectores consultados nos han dicho que querrían contribuir económicamente a la causa del Guardian, pero una mayoría apabullante quiere también que el periodismo sea de acceso libre, para que pueda llegar al mayor público posible. Un número importante nos ha dicho que están contentos de ser suscriptores. Pero la mayoría de las manos se levantan si les preguntas si les gustaría ser ‘miembros’”, cuenta Rusbridger.

Un referente de la prensa mundial y la modernización del periodismo compartiendo análisis y método con un medio digital recién nacido del sur de Europa. Pelos arriba de nuevo.

En eldiario.es decimos ser un medio raro porque somos un medio abierto: somos más bien un lugar al que están invitadas una red de voces diferentes pero de un ecosistema común; un sitio de paso para diferentes comunidades y discursos que se quieren encontrar aunque sea solo durante un rato. Donde el control directivo tradicional se convierte más bien en una confianza distribuida. En The Guardian nos explican que han pensado Guardian Membership como forma de compartir la filosofía del “periodismo abierto” con sus lectores.

El concepto explícito de pertenencia y no de suscripción lo introdujimos por primera vez en España en la fundación de Periodismo Humano, en 2010. Entonces repetíamos la idea de “hazte socio” hasta la saciedad, para poder explicar el concepto ante las muchísimas miradas escépticas: igual que la gente dona dinero para que haya médicos en sitios del mundo donde lo público o lo privado no pueden o no quieren estar, queremos que la gente sea consciente de que también para hacer un periodismo social e independiente es imprescindible esa colaboración. Fue el primer “Hazte socio” de un medio de comunicación en España, un experimento incipiente que recuperamos en 2012 y desarrollamos en eldiario.es con éxito. Hoy es una parte fundamental de este proyecto, y no solo económicamente; un modelo que otras iniciativas periodísticas también están aplicando y remezclando.

La credibilidad del periodismo está en crisis. Pero la idea de que la gente “lo quiere todo gratis” ha calado y sirve como excusa para los que solo buscan excusas para conservar su manera de hacer industria o poder. No quieren ver que hay gente que pide a gritos una nueva sintonía entre el periodismo y la sociedad. Que están deseando darnos su dinero para que podamos trabajar. Pero no, no como antes. Los viejos trucos ya no. Nos piden nuevas formas; que seamos dinamizadores sociales y no solo proveedores, centros de negocio.

The Guardian, que es un gigante, tiene ya preparada solo para su fase de pruebas una cantidad de iniciativas y eventos que están muy por encima de las capacidades de eldiario.es. Van incluso a abrir un centro cultural, una sede social. Nos adelantarán por la derecha y nos servirá de guía y modelo de lo que puede funcionar y lo que no. Aquí seguiremos haciendo el camino sin complejos, como dijimos desde el primer día: explorando, entre ilusionados y desconcertados pero siempre en compañía, las nuevas formas de hacer sostenible el periodismo a pesar de todo.

De punta, oiga. De punta.

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“¿Y por qué no los metes en tu casa?”

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No falla. Cada vez que señalas, describes o denuncias la violación de derechos humanos y el incumplimiento de la Ley española de Extranjería en las fronteras de Ceuta y Melilla se activa un resorte, un argumento casi automático en decenas de personas. ¿Y por qué no los metes en tu casa?, espetan. A que no, ¿eh?, rematan como triunfales, como diciendo ‘te he pillado’.

Un ejemplo, de ayer mismo. Difundo en Twitter una foto de la agencia EFE, la que abre este post. La imagen demuestra, una vez más, la devolución de personas que acaban de saltar la valla de Melilla por una puerta hacia el otro lado, a Marruecos, que hay que recordar que no es el país de estas personas. Por esa razón, entre otras cuantas, estas “devoluciones en caliente” son ilegales. No según la ONU o alguna ONG, no. Es ilegal según la ley española en vigor, como hemos explicado ya mil veces. Tan clara está ya la ilegalidad de estas deportaciones inmediatas que el Gobierno anunció después de las muertes de Ceuta que iba a cambiar la ley para poder hacerlo sin que se les acusara de nada. Es otra forma de admitir que lo que venían haciendo no se podía hacer.

Pues allá va el tuit y ahí van algunas de las respuestas:

No es cosa de ayer. Pasa cada vez que el tema ocupa minutos de televisión o alguna portada alarmante, pasa cuando el mensaje de denuncia traspasa tus zonas de comodidad orgánicas en Internet, que en mi caso afortunadamente tienen que ver con la defensa de los derechos humanos como premisa no como residuo. Cuando el tuit salta esa valla, la corriente devuelve este mensaje.

No se trata de desacreditar personalmente a las personas que reaccionan así. De hecho, la frase es clavada a la que usa tradicionalmente la ultraderecha, también en Francia. “¿Ha acogido usted inmigrantes en casa?”, le dijo textualmente Marine LePen a la periodista Ana Pastor en una entrevista. Muchas de las personas que saltan como pellizcadas son víctimas de esa estrategia de comunicación simplona y populista muy bien diseñada para ganar votos. Reproducen un meme político, una frase con gancho, que te deja satisfecho. Ah, pobres ingenuos; que los metan en su casa.

El argumento, por supuesto, no tiene sentido. Nunca le diríamos a alguien que defienda la asistencia a personas sin hogar que viven en la calle ¿y por qué no los metes en tu casa? Nunca le diríamos a alguien que está en contra del desahucio de una persona que no puede pagar su casa ¿y por qué no lo metes en tu casa? Nunca le diríamos a alguien que defiende la asistencia sanitaria para los pobres ¿y por qué no los curas tú, en tu casa? Porque la respuesta es social, no individual. Y porque, como me dice Carlos Delclós en Facebook, estas personas no quieren vivir en mi casa, quiere pagar el alquiler construyendo la tuya.

Las fronteras existen y tiene pinta de que van a seguir existiendo, sobre todo si cada vez creamos más. Sobre esa realidad habrá que ver cómo gestionamos otra realidad indiscutible: la gente se mueve y no es por capricho. Tenga uno una idea más o menos restrictiva de cómo manejar eso, una respuesta construida solo con porras, escudos, concertinas, alarma y desprecio impune por las leyes es una mala respuesta. Si la solución es esa, no es una solución.

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FOTO: El rey león

El coche de los nuevos reyes a su paso por Gran Vía camino del Congreso de los Diputados durante los actos de proclamación de Felipe VI

El coche de los nuevos reyes a su paso por Gran Vía camino del Congreso de los Diputados durante los actos de proclamación de Felipe VI / Juan Luis Sánchez

Foto tomada desde la redacción de eldiario.es, en Gran Vía, donde llevamos días pensando en el momento en el que el coche pasara por ahí, justo por ahí.

La imagen es en realidad un fotograma de este vídeo:

Actualización: Aquí la foto cuando han pasado de vuelta, camino del Palacio Real.

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Y aquí el vídeo:

Resumiendo, en un tuit:

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Un mapa para explorar qué se puede grabar con un drone

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TravelByDrone.com es un mapa colaborativo para añadir y ver vídeos hechos con drones por todo el mundo. Es interesante y entretendio; pero también es relevante ya que estamos justo ahora viendo avances regulatorios en todo el mundo para limitar el uso de estos pequeños helicópteros teledirigibles con cámara incorporada. En España, el Gobierno acaba de impulsar la norma que no nos dejará usar drones en espacios públicos, como la mayoría de los que aparecen en estos vídeos, soin autorización oficial. Lo consideran una vulneración del espacio aéreo. La calle es tuya, puedes grabar; pero el aire sobre ella, no. La libertad para poner en el aire pequeñas cámaras dirigibles abriría posibilidades para las que nuestra forma de vivir, de construir edificios o de preservar nuestra intimidad cambiarían por completo. Un debate para largo.

En la web hay vídeos como este de planos cenitales de Madrid

O este que sobrevuela las calles de una ciudad polaca.

Gorro, botas camperas y acento sureño. Rumbo a los ranchos de Texas.

El que no está en el mapa es esta grabación de las protestas ciudadanas en Sao Paulo (Brasil)

Tampoco esta visión espectacular de las cataratas del Niágara

Pero como la herramienta permite enviar nuevos vídeos que se encuentren por ahí, así que los he remitido. Ahora el equipo editor del mapa revisará el vídeo y se añadirá.

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El problema de los españoles con el inglés, en un mapa

No es una leyenda urbana. Los españoles hablan muy mal inglés. En cualquier reunión de políticos, de empresarios, de activistas, de académicos, el resto de asistentes ven un gran cartelón sobre la frente de los españoles : “you know, I’m Spanish; prepare your ears and focus”. O “LOSER”, directamente.

Este mapa de cómo hablan inglés los europeos, con información de un documento oficial de la UE (pdf), lo dibuja y le pone datos: el porcentaje de españoles que son capaces de mantener una conversación en inglés no llega ni al 25%. Es el peor dato europeo solo empeorado por el nivel de inglés de los húngaros.

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Mapa de Jakubmarian.com | Datos del 2012 Eurobarometer report | via Vox.com

Una derivada interesante de estos datos, como se apunta en Vox.com, es que en Dinamarca o en Suecia se habla casi el mismo nivel de inglés que en Estados Unidos. La inmigración en Estados Unidos o la existencia de comunidades más o menos cerradas de varias generaciones donde se habla español o chino, por ejemplo, hace que el porcentaje de personas que se manejan con fluidez en inglés no llegue ni al 95% de Reino Unido, por ejemplo.

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Notas sin fronteras sobre el nacimiento de algo nuevo

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Llevo desde 2011 tomando notas que no siempre se convierten en una noticia o reportaje, mío o de algún compañero al que trato de ayudar. Son ideas que escucho y me cuesta remezclar con otras para darle un sentido que las ancle al aquí, al ahora. Con algo de malabarismo se puede dibujar con estos elementos algo llamativo, pero entonces llegan las dudas porque prefiero al periodista que acompaña que al que empuja. Sobre todo cuando hay autores que lo explican tan bien, con tanta lucidez, abriendo tanto camino.

Pero ahí están las notas, recogidas para comprender y contar esa nueva forma de vivir la política que se inauguró en las ondas expansivas de las plazas del 15M y, antes, en los cauces casi invisibles que ya construían la nueva subjetividad política que ahora damos tan por sentada.

Ese aprendizaje me llega también de fuera. He conocido a decenas de activistas organizados y expertos de Brasil, Grecia, Italia, Rusia, Ucrania, Estados Unidos, Ucrania, Rusia, Serbia, Bulgaria, Bosnia; he visto cómo hay organizaciones internacionales, fundaciones, think tanks, universidades gastando cientos de miles de euros en investigar y sacar conclusiones de lo que dicen, de por qué lo dicen, de cómo lo dicen, de cómo su evolución se parece o se diferencia de otras rupturas a lo largo de la historia reciente. La última oportunidad para escucharles, esta misma semana, fue en la escuela de verano que organizaba la Green Europeans Foundation en Vis, Croacia.

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En los últimos cuatro años se han producido más de 70 “momentos revolucionarios” que pueden tener una relación, aunque no haya entre ellos coincidencia ideológica. Es una conclusión sencilla y compartida por quienes también estudian estos movimientos: hay una fórmula nueva, hay un cambio, hay un patrón común para ideologías en ocasiones muy diferentes; y no, no tiene que ver solo con la tecnología.

Entre todos esos, el caso de España es referente. Es para el resto como un viaje al futuro de lo que puede pasar en otros países. En la cronología de las revueltas encadenadas que se han visto a nuestro alrededor desde 2010, la de España sucedió solo después de la de Túnez y la de Egipto. Luego vino Estados Unidos, vino Brasil, vino Turquía, vinieron las más ajenas, como la bosnia. El orden de los factores es importante porque unas han ido heredando cosas de las anteriores, gracias a que existen maneras mucho más desintermediadas de transferir conocimientos en red. Muchas veces, los activistas no eran a pie de calle conscientes de esa relación; como ocurre también en las redes sociales, la autoría de las iniciativas o de los conceptos suele ser difusa y colectiva pero en casi todos los casos se va desvaneciendo con el tiempo para ser parte de lo común, continuamente transformado.

Hay ejemplos sencillos y curiosos. España heredó de Egipto la idea del campamento como resistencia retransmitida en streaming. En Grecia, el repunte de las manifestaciones justo después de que sucediera en España dio forma a un grupo que mediáticamente se llamo ‘Movimiento de Ciudadanos Indignados’. Occupy Wall Street heredó una narrativa más inclusiva; dicen que el concepto del 99% se apuntaló con inspiración de activistas españoles) y recibió lecciones y ayuda tecnológica (#occupyWallStreet fue Trending Topic en España antes que en Estados Unidos cuando comenzó la acampada frente a la bolsa de Nueva York). Turquía heredó esa nueva forma de las clases formadas de protestar utilizando la tecnología contra el apagón mediático, trufando el mosaico local de banderas confesionales o partidarias con símbolos que ya se han convertido en universales como la máscara de Anonymous.  Y ese hilo, donde se mezclan también aportaciones de cada país, llega invisible hasta Rusia, donde en las manifestaciones contra Putin se gritaba “No nos representan”, por primera vez en este país. Son solo algunas curiosidades.

Escuchando a Gal Kirn, de Eslovenia, en el encuentro de la GEF en Croacia

Escuchando a Gal Kirn, de Eslovenia, en el encuentro de la GEF en Croacia

También hay otro elemento común que merece la pena capturar. La mayoría de los detonantes que provocaron que por fin miles o millones de personas se lanzaran a las calles de esos países no estaban relacionados con una gran medida política de calado o con un gran escándalo de corrupción sino más bien con un gesto feo, un abuso de poder. En España, fue el desmantelamiento policial de la pequeña acampada en Sol y luego la prohibición de concentrarse en la jornada de reflexión; en Brasil, una pequeña subida en el precio del billete de transporte público; en Turquía, unos árboles talados en un parque que casi ningún protestante utilizaba en realidad; en Bosnia, igual: la recalificación de un parque. Pensemos en Gamonal. Estos detonantes no son políticos sino morales. Fueron una especie de reacción de hartazgo, un mapa de gamonales, como diciendo ‘mire, no me importa en realidad esa acampada, esos céntimos del billete, esos árboles, este parking, pero es que lo que acaba de hacer demuestra que está tan lejos de mí, que voy a convertirlo en el símbolo de mi protesta’. Por eso, en varios países también, la protesta no era solo contra el gobierno de turno sino contra unas formas generales de hacer política.

Sí que hay diferencias evidentes, por ejemplo, en los métodos que inspiran las decisiones. En Bosnia exploran muy a fondo los procesos asamblearios. Como recordaba un activista esloveno hace unos días en Croacia, la asamblea también tiene un carácter terapéutico: “aunque aparezcan locos hablando por hablar, estar hablando ya construye redes y afinidades”, se dice en Ljubliana como también se dijo durante los primeros meses de asambleas de barrios en Madrid.

En Turquía, sin embargo, no había forma de encontrar grupos de trabajo temáticos o asambleas multitudinarias en Gezi Park. Solo una multitud yuxtapuesta que decidía trabajar por libre, en pequeños grupos o dispositivos, y probarlos a ver qué tirón tenían, como también pasó en España. He escuchado a representantes croatas y búlgaros que las ONG son percibidas como parte del establishment.

En todo caso, estamos antes procesos performativos. Es decir, a diferencia de la idea de la democracia como alternancia puntual de representantes, se abre camino otra: un proceso que pone en contacto la opinión pública y las instituciones, con grandes dosis de participación y protesta. La tecnología, al amplificar eso, genera una caja resonancia muy sencilla de entender: cuando entras en Facebook y Twitter ves que algunos amigos que no son activistas protestan o participan de algo, tienes la definitiva sensación de que formas parte de una mayoría. Aunque no sea verdad.

En España ya estamos metidos en el debate de las siglas, los partidos, las confluencias, de los fines y de los medios para entrar en las administraciones. Desde que estamos en ese debate, la presión en la calle ha disminuido porque se ha trasladado a otros espacios.

Más allá de la composición final, de qué forma toma en España, lo que es un patrón común en todos estos activistas – aunque mención aparte merece la historia reciente en los balcanes – es que tienen la sensación de que la socialdemocracia está agotada y de que lo que se abre paso no es nada que se conociera hasta ahora. Una nueva aproximación política que no quiere ser comunista aunque sea una nueva izquierda, que no quiere ser socialdemócrata aunque sea práctica y con agenda inmediata; que no quiere ser liberal aunque se sienta cómoda en esas fronteras difusas de lo común y lo privado; que no se conforma con ser ecologista aunque apueste por modelos de progreso sostenibles. No es la primera vez que la gente sale a la calle, solo que ahora no sabemos qué es exactamente lo que les saca a la calle y les está empujando hacia las instituciones.

Sobre todo eso van las notas. Las suelta uno sobre un lienzo y parece que sale un dibujo. A ver.

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Willy Meyer abdica

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Willy Meyer parecía eterno y se ha ido así como se van las figuras que parecen eternas: en 24 horas. Su fondo de pensiones privado, ofrecido por el Parlamento Europeo y gestionado por una Sicav en Luxemburgo, ha sido su puntilla. Da igual que se trate de un servicio generalizado para todos los eurodiputados que quisieran. Meyer lo hizo, Infolibre lo ha desvelado y ahora Meyer dice que no sabía que tuviera relaciones con una Sicav, pero que para dar ejemplo se va.

‘IU’, ‘privado’, ‘Sicav’ y ‘Luxemburgo’ son cuatro palabras que juntas arden. Pero no, en realidad Willy Meyer no se ha ido porque tenga unos euros en un fondo de pensiones privado, algo que es habitual, muy habitual. Tanto que los diputados de Izquierda Unida en el congreso español tenían uno hasta que a principio de esta legislatura los nuevos optaron por renunciar. Llamazares, que ya tenía el fondo contraído de legislaturas anteriores como el resto de diputados, después de resistirse durante unas horas, aceptó y renunció a seguir aportando dinero a ese plan. La existencia de aquel debate, de aquellas tensiones que en realidad hablaban de los nuevos juegos de poder dentro del grupo parlamentario, llegó a oídos de Meyer. Seguro. Porque además, hasta hoy, también era parte de la dirección federal. Que en ese momento Meyer no revisara también cuál era la naturaleza de su fondo de pensiones es increíble. La polémica es real, fundamentada. Un test de coherencia o disciplina que sale negativo. Es relevante. Como es relevante que su reacción sea asumir su responsabilidad e irse.

Pero no, Willy Meyer no se va por eso.

Se va porque dentro de Izquierda Unida estaban, muchos, deseando echarle. Porque su figura en lo alto de la lista electoral era símbolo, para una generación impulsada por un clima político nuevo, del cierre exasperante de la cúpula de una organización a la que le valía con lo que decían las encuestas. Willy Meyer se presentó por tercera vez consecutiva a las elecciones europeas; a la tercera, su grado de conocimiento entre los ciudadanos españoles era del 32%. Después de ser el candidato de IU que más veces ha repetido en unas elecciones de convocatoria estatal (más que Llamazares, más que Julio Anguita), solo uno de cada tres ciudadanos le conoce.

Apareció el Chapulín Colorado y en IU no contaban con su astucia. Los resultados de Podemos reventaron el catenaccio de Meyer y Cayo Lara, que pensaban que ganarían jugando a empatar. Y ahí se acabó la paciencia de los que piensan que la propia existencia de IU corre peligro.

Meyer no se ha ido entre ataques de incoherencia desde la derecha mediática o de políticos de otros partidos, que de hecho asisten un poco anonadados a la caída del eurodiputado por un asunto tan poco importante para ellos, tan habitual para tantos ciudadanos con fondos de pensiones o hipotecas. Se va entre críticas desde dentro por hacer la vista gorda sobre sus propios pasos mientras atravesaba una línea roja que otros compañeros habían trazado. Han sido dirigentes, militantes de base, simpatizantes o exvotantes de IU los que, a los pocos minutos de que empezara a circular la existencia del fondo privado de pensiones de Meyer, han exigido que se fuera.

Y hasta aquí llegó. Como llegó el rey. Como llegó Rubalcaba.

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¿De quién es esa valla? ¿De quién esos policías?

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Adivina quién va a tener la culpa cuando se produzcan muertos o heridos en la valla de concertinas que Marruecos está instalando a unos metros de la valla de Melilla, en territorio marroquí. El Gobierno español dirá, como dice cuando se conocen los casos de víctimas que tratan de llegar a la valla pero que desaparecen misteriosamente, que eso son cosas de Marruecos. Jugarán al truco de las manos limpias: la policía marroquí se las ensucia por nosotros para que España pueda decir “nosotros no tenemos la culpa” y “Marruecos se ha hecho cargo”.

No se sujeta. El argumento no se sujeta. ¿Para qué va Marruecos a colocar cientos de policías antes de una frontera de salida, si precisamente está deseando deshacerse de todos los subsaharianos que están en su territorio sin papeles? ¿Con qué interés querría Marruecos impedir que sigan su camino? ¿Para qué instalar unas vallas con cuchillas, añadidas a las que ya tiene España, que mantengan “el problema” en su país?

Aunque el uniforme sea marroquí y en la nueva valla ondee la bandera marroquí, son en realidad fuerzas y dispositivos que sirven directamente a España y a Europa. Están ahí para trabajar por “nosotros”. No hay otra razón que no sea la de defender la frontera para que no tengamos que defenderlas con nuestras propias fuerzas y banderas. Por pura cuestión estética y también legal: mejor que violen los derechos humanos por nosotros, que hacerlo uno directamente siempre trae más problemas.

Marruecos es nuestro mercenario, y recibe buena recompensa. A cambio de controlar por nosotros el flujo de inmigración – también nos echa una mano en otras cuestiones que para nuestro Gobierno entran en el mismo saco: terrorismo o narcotráfico – la diplomacia española se emplea a fondo por mantener contento al rey Mohamed VI. Precisamente hoy, el ministro de Exteriores español está firmando un acuerdo de Cooperación con Marruecos; las ONG españolas se quejan desde hace ya lustros de que los fondos españoles que deberían ir a erradicar la pobreza del magreb están siendo utilizados para financiar aquello que la monarquía marroquí señala.

A pesar de los euros que van a Marruecos, uno no encuentra a la Agencia de Cooperación Española en los montes del Gurugú o tras las tapias de la Universidad de Nador donde duermen cientos o en el desierto de la frontera con Argelia donde la gendarmería los abandona a su suerte. Solo se ven a organizaciones sociales independientes y observadores internacionales que resisten entre los acosto oficial marroquí hasta que ya no pueden más y tiene que venir otro a hacer su trabajo. Con los periodistas pasa igual.

Al final de todo, queda dibujada una pirueta: España utilizando los fondos de Cooperación Exterior como contrapartida para la subcontratación de fronteras, cosa que a su vez emborrona las responsabilidades y facilita la violación de derechos humanos.

Más fotos de José Palazón en la nueva valla de Marruecos junto a la de Melilla

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Así está funcionando Filtrala.org; así se ha publicado la negociación europea del tratado con EEUU

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Este viernes hemos publicado en eldiario.es la primera gran filtración que sale de la colaboración con la plataforma de comunicaciones seguras entre ciudadanos y periodistas filtrala.org. Se trata de documentación confidencial sobre las negociaciones europeas para el Tratado de Libre Comercio con EEUU, que afecta directamente a la prestación de servicios públicos en Europa.

¿Cómo funciona nuestro trabajo con Filtrala? Esta herramienta tecnológica para el envío seguro de documentación nació en abril. Desde entonces, cada semana los periodistas de eldiario.es, Diagonal, La Marea y Mongolia – medios también colaboradores de Filtrala.org – hemos mantenido reuniones para ir analizando la documentación que iba llegando a través de la plataforma. El proceso es, a veces, tedioso o farragoso por varias razones.

Primero, porque la cultura del whistleblowing (del chivatazo, digamos) no está aún instaurada en España. En otros países, como por ejemplo Bélgica o Reino Unido, está regulado el derecho que tienen trabajadores de empresas o del estado de saltarse las normas internas de confidencialidad ante algún hecho o documento que sea flagrantemente de interés para el correcto funcionamiento de la democracia. En España estamos a años luz de eso y tampoco el hábito está instaurado: nos movemos más entre rumores que acaban siendo pistas o negociaciones con fuentes interesadas que también son agentes de actualidad.

En ese contexto, parte de lo que ha llegado a filtrala.org no ha sido algo diferente a lo que podría recibir cualquier periodista por correo electrónico, incluidos notas de prensa o relatos personales de denuncia sin soporte documental. De hecho, hay documentos firmados por el remitente, cuando la esencia misma de un buzón seguro es el anonimato de la fuente. Todos esos mensajes no relevantes se desechan periodísticamente (aunque cada uno tiene su criterio) y luego el equipo de filtrala.org aplica sus propios criterios para liberar la documentación.

Pero también han llegado ya documentos útiles y relevantes. En los últimos días hemos publicado algunas piezas que tenían como referencia o incluían la información recibida en filtrala.org. Por ejemplo este reportaje sobre la venta de patrimonio público para ahorrase el mantenimiento de edificios o esta noticia sobre el gasto de la Comunidad Valenciana en Marina D’Or justo antes de declarar suspensión de pagos. En todos constan enlaces a los documentos completos ya liberados por la asociación Associated Whistleblowing Press, la que está detrás de filtrala.org.

En este caso, en el del documento que publicamos hoy junto a un análisis técnico y social de su contenido, el material que nos ha llegado es exactamente del tipo para el que está pensada la herramienta. Se trata de una documentación oficial, confidencial, que ha pasado por las manos de alguien que, sin más que añadir porque habla por sí sola, ha decidido remitirla a varios medios digitales para que se hiciera pública. El trabajo en cada redacción (verificación, coordinación, maquetación, análisis, redacción…) ha sido a contrarreloj para poder hacer público el documento justo en el día en el que se cierra el plazo que establece la Comisión Europea para recibir respuestas al borrador.

Formar parte de un grupo de medios que no trabaja desde la competencia sino desde la cooperación y la complementariedad; participar en reuniones donde nos ayudamos para que cada uno saque lo mejor de lo que pueda dar, desde la independencia; publicar una exclusiva internacional que puede servir además a la defensa más informada de los servicios públicos contra el ahogo comercial de las políticas sociales; hacerlo gracias a la participación ciudadana y la tecnología. Se parece mucho a lo que pensamos que será el futuro.

Actualización: El Financial Times se ha hecho eco de la documentación que publicamos en eldiario.es

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Una tarde republicana

Crónica: Miles de personas piden la palabra tras la abdicación del rey

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Manifestación por un referéndum sobre la monarquía – Puerta del Sol. 2 de junio de 2014. (Juan Luis Sánchez)

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Sergio Ramos haciéndose un Paz Vega – Puerta del Sol. 2 de junio de 2014. (Juan Luis Sánchez)

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Manifestación por un referéndum sobre la monarquía – Puerta del Sol. 2 de junio de 2014. (Juan Luis Sánchez)

 

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