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La primera hostia la dio tras acariciarse los dedos por unos segundos
con la misma emoción con olor a bilis que le provocaba mirar con descaro a las niñas,
decirles lo que le viene en gana cuando se las cruza por los pasillos del metro.
A las negras les dice ¡guarra! tras desearlas y ¡zorras! por la frustación de que ni siquiera le miren.
Aunque sea con asco.
El mismo placer que le invade cuando posee a su mujer sin preámbulos,
porque ella nunca quiere,
porque es suya
y porque a él le excita no tener que pedir permiso.
Un buen padre de FAMILIA. De los de toda la vida.

Sigue leyendo las sensaciones de Patricia sobre la grabación de un vigilante del metro de Madrid pateando a un viajero

Y añado, a riesgo de estropear su relato, añado: ¿qué se le pasó por la cabeza a responsable de Prosegur y al del Metro de Madrid justo en el momento de decidir que, aparte de despedir a los seguratas, no iban a denunciarles? 

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