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No puede uno escapar a Gran Hermano. Desde la Revolución Digital, a principios del siglo XXI, el Imperio Google siempre ha estado en guerra, unas veces contra el Imperio Microsoft y su ejército (conocidos como los Copyrights) y otras veces contra el Imperio Código Abierto y su ejército (los Pingüinos), sin que uno supiera muy bien quiénes eran los enemigos o los aliados cada vez.
Microsoft y Código Abierto eran tierras baldías donde imperan la tiranía del dinero, en el primer caso, y el caos de la anarquía insostenible en el segundo. Eso decían las wikienciclopedias autorizadas (‘indexadas’ es el término oficial), que añadían que en esas tierras solo habitaban seres despreciables: en el Imperio de Microsoft, monopolistas tan ávidos de poder y riqueza que invertían a sus hijos en bolsa. Estos seres tenían un solo objetivo en la vida: acumular riqueza, ostentosidad y derroche tan rápido como fuera posible sustentándose en cualquier negocio o especulación, con cuanto más riesgo mejor. El mayor honor de un habitante del Imperio Microsoft era pasar en un solo día de ser uno de los hombres más ricos del mundo a verse en la más absoluta bancarrota en un golpe de bolsa, debido a lo ficticio de su riqueza. Se les consideraba ‘magos de las finanzas’ y su honrado final era el pantallazo azul (metáfora para referirse al suicidio), que ocupaba al día siguiente las halagadoras portadas de todas las Ventanas (nombre que recibían los medios digitales homologados).
El Imperio Código Abierto, decían las wikienciclopedias autorizadas, estaba habitado por una suerte de ser humano degradado, alimañas con rastas, deformes y enfermos por culpa del sexo compulsivo e indiscriminado con hermanos, hijos, primos o incluso animales de granja. El Imperio Código Abierto era poco poblado, y Libertad Binaria (una de las wikienciclopedias indexadas del Imperio Google) aseguraba que los niveles de anarquía habían llegado hasta tal punto que cualquiera podía maldecir a la familia sin que fuera censurado.
En el Imperio Google, sin embargo, existe el equilibrio. El Gran Hermano vive en California, aunque se sospecha que se ha mudado a la cara oculta de la Luna para protegerse de los Short Projectile Abroad Missions (SPAM), los misiles tripulados por inteligencia artificial que el enemigo lanza insistentemente sobre los nodos más poblados Google, como el Grand Mountain Accomodation Inn – Luxury (GMAIL), donde viven los altos cargos del imperio. No obstante, se trata de ataques de poca potencia, que gracias a los filtros del sistema de defensa del Imperio, rara vez logran dañar las instalaciones.
Las gentes del Imperio Google son felices. El modelo de organización social es el ‘sionismo digital postpolítico’, una corriente que surgió después de la cadena de golpes de Estado pacíficos que Google Inc. (que según consta en las wikienciclopedias fue el gérmen de la Revolución Digital) asestó contra los gobiernos de todo el mundo, cuando éste se organizaba por fronteras y partidos políticos luchando por el gobierno dentro de cada una de ellas. Google Inc. fue acumulando cada vez más poder y llegó el día en que sus decisiones estratégicas pesaban más sobre los habitantes de la Tierra que los presupuestos de cada país. Fue el momento de conquistar definitivamente la ‘tierra hiperconectada’, como llaman al territorio donde viven físicamente hoy la mayoría de los habitantes del Imperio Google.
Porque el imperio no tiene fronteras, ni tiene centro, ni tiene capital. El sionismo digital postpolítico consiste en la convivencia en redes y no divide las sociedades en regiones ni países sino en Comunidades Virtuales: un grupo de personas con el mismo perfil de consumo y cuya subsistenica es pagada por las empresas que responden a esos perfiles de consumo.
La comunidad más poblada, por ejemplo, es TWM 18-30, a la que pertenecen los varones de entre 18 y 30 años con ingresos que reunen valores estereotipados. El nombre completo de la Comunidad es Typical Working Male 18-30. Esta comunidad está financiada por empresas nacionalizadas por el Imperio como Heineken, Mercedes, FIFA y otras muchas más, que abastecen las necesidades de sus habitantes a cambio de trabajo. Es decir, si uno quiere tener cervezas cada semana en la nevera, debe asegurarse de trabajar un determinado número de horas para Heineken (por supuesto, a través del puesto de trabajo en red personal). Es a lo que se le llama Trabajo 2.0.
Aunque lo cierto es que desde que se impulsaron las aplicaciones de Sexo 2.0, el número de mujeres en el Imperio ha decrecido bastante, otra de las comunidades más concurridas es TSW 15-30 (Typical Superficial Woman 15-30). En esta comunidad (algo que también ocurre en la TWM 18-30) la causa mayoritaria de muerte es el exceso de trabajo.
Por supuesto, los habitantes de Google no eligen su comunidad. Antes del nacimiento, se analiza genéticamente al individuo y sus futuras condiciones sociales y se hace una casi infalible previsión que determina en qué comunidad nacerá y crecerá, aunque las correcciones sobre la marcha son posibles. De hecho, uno va cambiando de comunidad con el paso de los años ya que Gran Hermano analiza el comportamiento de cada inidividuo y reajusta su perfil de consumo, por ejemplo al tener un hijo o alcanzar diferentes franjas de edad (30, 45, 60 años), en la que las ‘necesidades’ o intereses cambian o el trabajo va resultando menos productivo.
Todo habitante del Imperio Google tiene un blog. Al nacer un individuo, los administradores le abren su Cuenta Google (donde se almacenan todos sus datos, registros y que es, en definitiva, su contacto con el mundo exterior) y, dentro de ésta, le activa un blogspot. Los padres están obligados a contar en el blog de su hijo las anécdotas y los avances de éste – subiendo fotos y vídeos que los certifiquen – hasta que el niño aprende a mantener el blog de forma autónoma, algo que sucede a los 3 años aproximadamente. Al alcanzar la denominada Edad de Consumo Autónomo (diferente para cada individuo), en la Cuenta de Google se activan servicios como HeadBook o WeTube, donde el individuo empieza a socializar sus hábitos de consumo con otras personas de su mismo perfil. El individuo está obligado a mantener activos hasta el final de sus días estos espacios, donde los anunciantes forman parte integrada de su tiempo de ocio, alimentando las ganas del individuo de trabajar para ellos a cambio de sus productos.
El individuo también está obligado a enamorarse y desenamorarse a cada instante, ya que se estima que en los periodos de enamoramiento y despecho aumentan los niveles de consumo. Esta obligación, como todas las demás, no se impone con métodos policiales o basados en el miedo al castigo, que fueron descartados con el fin de la política. El control que se aplica a los individuos desde el momento mismo de su fecundación, de la que se tiene constancia gracias al relato erótico que con detalle están obligados a hacer en su blog todos los habitantes tras una noche de sexo, permite un manejo de las aplicaciones y estímulos que moldean la personalidad del individuo y lo convierte en sumiso. Sumiso dentro de una sociedad que se considera absolutamente libre, ya que su vida está llena de pequeñas decisiones, estímulos exteriores y las esperanzas de prosperar que promueve el sistema “Voy a tener suerte”. Gran Hermano les ha convencido de todo eso, como les convenció en su día de que vivieran al margen de sus gobernantes hasta dejar morir a la política.
Todo el sistema de control virtual en red del Imperio Google se apoya, sin embargo, en un dispositivo de control sobre la vida física de sus habitantes. Se trata de la telepantalla, un artilugio que a principios de siglo se instaló en cada calle, en cada plaza y, años más tarde, en cada casa. La telepantalla permite saber si el individuo lleva efectivamente la vida que dice llevar en la red.
Al que miente o intenta ser subversivo con alguna parte del sistema, se le aplica el mayor castigo: se lanza contra él una campaña de Google Bombing. El Google Bombing tiene varias fases y grados: primero, Gran Hermano modifica los algoritmos del sistema (él es el único que tiene acceso a ellos) para que aquellos comentarios humillantes que pudieran existir sobre el ‘traidor’ destaquen sobre el resto; segundo, fomenta que otros habitantes hablen mal del individuo en sus blogs y servicios; tercero, falsea contenidos negativos desde los millones de blogs detrás de los que aparentemente hay una persona pero que están escritos realmente por el Ministerio de Análisis Social del Imperio.
Sobre todos aquellos que han sufrido la campaña de descrédito del Imperio, los más viejos recuerdan a un hombre, la primera persona en sufrir las consecuencias del control social, cuando la Revolución Digital aún no había estallado por completo pero comenzaba a adivinarse.
Unos dicen que fue un terrorista, un amigo del Imperio Código Abierto cuando éste empezaba a ser tan enemigo como el Imperio Microsoft… Otros dicen que su mayor delito fue denunciar, antes de que comenzara la era en la que el tiempo se mide en bits, que Google Inc. intentaba controlar la intimidad de las personas. Unos dicen que la campaña de Bombing fue tal que ese hombre se suicidó. Otros dicen que sigue vivo, esperando el momento, encabezando un movimiento llamado La Hermandad.
Pero lo único cierto y tangible de su existencia es una foto. Una foto que sirvió como prueba para que Gran Hermano decidiera arremeter contra él. Una foto tomada por la primera versión de las telepantallas en la que aquel hombre aparece, según consta en las wikienciclopedias indexadas, conversando por teléfono con los líderes de Código Abierto y otras asociaciones de pederastas para perpetrar un ciberataque contra la Revolución.
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*relato de ficción inspirado por esta noticia.
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pak
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