Conclusiones de ZEMOS98 a la rueda de prensa 2.0 de la que hablábamos en el post anterior. Una buena reflexión hecha por un no-periodista sobre los sí-periodistasprofesionales de la comunicación que ven desde fuera, pero desde cerca, a los medios.

Esto nos lleva a pensar sobre qué está pasando en las grandes estructuras mediáticas. A estas alturas de la película ya sabemos que los grandes medios están demasiado ocupados en cuidar a sus anunciantes más que en cuidar los contenidos propios que generan. Por eso cuando hemos celebrado otras ruedas de prensa con medios, fotógrafos, dossieres, sponsors y enaras varias, nos hemos sentido fuera de lugar. Hasta el punto de caer en la trampa de instrumentalizar la presencia periodística y traducirla en éxito a pesar de recibir preguntas del tipo “¿Os llegan cortometrajes de amor?”. Claro, la frustración ante este tipo de preguntas es grande. Primero porque llevamos años defendiendo que no somos un simple festival de cortos. De hecho casi nunca utilizamos la palabra corto. Por otro lado es una pregunta fuera de toda pertinencia. Pero lo que es más grave y más preocupante: ¿por qué tenemos que depender del criterio acerca de lo noticiable para los medios? Sabemos que el proceso de comunicación es una negociación, donde en muchas ocasiones lamentablemente triunfan las rutinas de producción de la empresa informativa, con toda la urgencia y frialdad que eso representa. Pero una cosa es ser consciente de eso y otra muy distinta es que de repente tomes conciencia de que el periodista no conoce tu proyecto, no se interesa por él y por tanto no puede hacerte “buenas preguntas”.

Por todo esto, algo de lo que sucedió ese día nos parece especialmente paradigmático del momento que vive la comunicación y que enlazamos con el párrafo anterior : cualquiera hizo de periodista. Algunas de las personas que estaban lo son de formación, otras de profesión…pero muchas otras de las que hicieron preguntas…simplemente no lo son. Y qué más da. Esa es la cuestión. Todos comunicamos, todos preguntamos, todos conversamos. Y aquí quizás habría que traer a colación una reflexión que el periodismo tradicional debería hacerse: ¿Qué se está haciendo mal para que “cualquiera” pueda hacer mejores preguntas de las que hace un periodista? ¿Qué está fallando en las estructuras mediáticas para que eso pase así?

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Desde luego, estoy de acuerdo. Los periodistas estamos acostumbrados a simplificar la realidad hasta un extremo en que el mensaje se hace absolutamente impermeable a conceptos que vayan más allá de lo masticable. Y ojo: no es tanto que deban ser digeribles (por el público) sino masticables (por el periodista). El periodista debe buscar la forma más rápida y efectiva de abordar los temas. Si el periodista contara con la formación, la educación, la sensibilidad y el tiempo, podría hacer una información perfectamente profunda y perfectamente digerible por la audiencia. Vamos a confiar en eso. Pero ni tenemos tiempo ni tenemos esencia: nos la arrebataron por el camino y no la vamos a recuperar. Cualquier periodista que durante una rueda de prensa haga el ejercicio de intentar observar la situación ‘desde fuera’, como si no hubiera estado nunca en ninguna, comprenderá la profunidad y la gravedad de la situación.

En esta sociedad en red, la mayoría de los periodistas somos más válidos, más competentes y más inteligentes cuando actuamos como individuos que cuando actuamos como periodistas.

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