Periodismo, muerte y luto
Dos apuntes cruzados sobre el periodismo. Dos ejemplos paradigmáticos de esta propia semana. Dos reflexiones apasionadas (sí, son palabras compatibles). Dos.
Una, sobre el escandaloso circo de dolor y muerte, morbo y artificio, especulación y miseria, charlatanería e impudicia. Pérez de Albéniz sobre la cobertura mediática del asesinato de Marta del Castillo:
La muerte violenta de Marta supone sólo un episodio más en la carnicería que, de forma constante, alimenta a nuestros medios de comunicación. El anterior capítulo lo protagonizaron Mari Luz y su mediático padre. ¿Quién será la próxima? ¡Maten deprisa, asesinos de España! Dentro de sólo unos días Marta será historia y nuestras hambrientas televisiones necesitarán una nueva tragedia con que alimentarse.
Otra, sobre la vergonzante impasibilidad con la que vemos morir a personas en la misma puerta de nuestra casa, protegidos nosotros por el armazón de un racismo insensible o de una xenofobia etnocentrista o de algo que, simplemente, nos hace ser malas personas, fríos, impetérritos ante el dolor. Patricia Simón sobre la no-noticia de la muerte de 21 personas, la mayoría chavales, al naufragar su patera frente en las playas de Lanzarote.
La sal con la que se impregna nuestro cuerpo cuando nos bañamos en el mar, es ahora también las lágrimas de esos niños que se ahogaron ayer a veinte metros de la orilla europea, es el llanto de una mujer aferrada a su vientre materno mientras se hunde, es el llanto silencioso del hombre que muere recordando a su mujer y a sus niños. ¡Maldita sea! Sólo el racismo, sólo la ruindad de creerlos menos humanos puede explicar esta enajenación que permite que el mundo no se pare, que las plañideras públicas no rasguen el silencio sepulcral que debería acompañar a este día de luto, que no pudiera escribir porque el frío que se ha instalado en mi cuerpo me lo impidiese. Ahora sé para qué sirven los dioses. Para cogerlos por las solapas, zarandearlos, gritarles que malditos sean, que malnacidos son por permitir eso. Y así, diciéndoselo a ellos, saber que se lo estamos diciendo a toda la humanidad, yo incluida.
Y si todavía queda alguien ahí fuera, me gustaría que me diera argumentos para defender su actuación como periodista, o la de sus colegas, si es que está metido en esto. Y que ese argumento no figure eso de “es lo que la gente demanda”. Porque si me vuelven a decir eso, me voy a poner demagógico y citaré un buen número de cosas que la gente demanda estos días (ejemplo 1, ejemplo 2).
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