Benedetti, el papel e Internet
He escuchado esta mañana en la televisión a una afamada periodista decir algo así como que para leer, entender y sentir a Benedetti hay que hacerlo “con un libro en la mano, en papel. Yo no sé si se puede sentir lo mismo leyendo en Internet”, ha dicho con cara de desprecio.
Míreme a los ojos, señora periodista: aquí me tiene.
Yo he leído a Benedetti en Internet y casi nunca en papel. He encontrado sus palabras en renglones mal alineados, en páginas maltrechas, en blogs donde además de el poeta se expresa el lector emocionado, que hipervincula rutinas y utopías dándole otro sentido a todo lo que tiene sentido.
Yo he copiado, pegado, remezclado sus poemas en archivos de texto que andan perdidos en mi disco duro. He enviado mails apropiándome de sus contextos. He interpretado sus versos como me ha dado la gana, los he sacado de su nido, los he metido – oh, sacrilegio – en un movil y he mutilado letras y sílabas para que cupieran en un SMS de 160 caracteres (Cmpañera, usted sabe q pued contar cnmigo, no hasta 2 ni hasta 10, sino contar cnmigo…). He corrompido sus cadencias con emoticonos del Messenger.
Yo he buscado a Benedetti recitando poemas en .wav y .mp3. Y he grabado CDs – vírgenes y piratas, sin canon todavía – donde los regalaba combinados con otros de Ángel González o Cortázar. He disfrutado de vídeos en YouTube donde se recitan sus poemas, se unen con imágenes, se recrean situaciones. Me han regalado amor en forma de canciones.
Benedetti y yo hemos hecho todo eso juntos en Internet. Ha sido una experiencia completa, poesía más allá de los límites del verso que ha atacado a todos mis sentidos. Si fuera mejor lector de lo que soy – soy malo, muy malo – diría que para sentir a Benedetti el papel se queda corto. Pero sería hablar por hablar, sería aferrarme a un entorno simplemente porque me da miedo lo desconocido. Intentaré ser un poco menos prejuicioso, señora periodista.
–
¿No te aburre asistir a esta sequía
de los sentimientos? ¿a esta
chafalonía de los vencedores?
¿al promesario de los púlpitos?
¿al fuego fatuo de los taumaturgos?
¿al odio de los viscerales?
¿no te empalagan los alabanceros?
¿la caridad de los roñosos?
¿el sesgo irónico de las encuestas?
¿los mentirosos constitucionales?
¿no te amola el zumbido de los frívolos?
¿las guasas del zodíaco?
¿el vaivén de la bolsa?
¿no te viene el deseo irreprimible
de abrir la boca en un bostezo espléndido?
pues entonces bosteza / hijo mío / bosteza
con la serenidad de los filósofos
y la cachaza de los hipopótamos.
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