¡Queremos saber el nombre de la empresa! (o no queremos saber nada)
Durante todo el día de hoy, los medios de comunicación tradicionales se han lanzado a contar la espeluznante historia de Franns Rilles, un trabajador ecuatoriano boliviano que ha sufrido un accidente laboral mientras trabajaba en una panificacora de Gandía (Valencia):
Tira a la basura el brazo de un ‘sin papeles’ que sufrió un accidente en su empresa (El Mundo)
Un inmigrante pierde un brazo y su patrón lo abandona en las cercanías del hospital (El País)
También lo he oído en la SER, en el Telediario y está por todas partes. En ninguna de esas noticias he podido leer o escuchar el nombre de la empresa culpable de esta situación.
He lanzado una queja en Twitter que espontáneamente se ha convertido en una cadena de quejas: ¡Queremos saber el nombre de la empresa!
Y ahora quiero completar la queja con una reflexión.
Como cualquier periodista, puedo imaginar las razones por las que los medios no están difundiendo el nombre de la empresa a pesar de conocerlo perfectamente (porque por ejemplo sí se están difundiendo declaraciones del empresario): la empresa desmiente los hechos tal y como los cuenta la víctima y, por tanto, como precaución por si el relato es falso y ante las consecuencias que eso podría traer para la imagen de la empresa, se decide que no es necesario difundir el nombre para evitar líos. Pero habrá que negar la mayor.
Si existen dudas de que el relato de la víctima sea cierto, ¿por qué entonces se publica la primera vez con titulares y contenidos que dejan tan poco espacio a la duda? Y, entonces, si el relato puede que sea falso y el empresario acompañó al trabajador al hospital y le prestó ayuda en todo momento, ¿cuál es la noticia? ¿La pérdida del brazo de un trabajador? Visiten cualquier hospital y pregunten por accidentes laborales. ¿Que el trabajador no tiene papeles? Vayan al bar de la esquina.
Si estamos poniendo en duda la versión de la víctima, contrastemos la noticia con el empresario antes de publicarla. Y si el asunto huele a chamusquina, no se publica; se espera hasta que los sindicatos tengan pruebas o la justicia dictamine. Si realmente dudamos, no se juega así con la reputación de una pequeña empresa. Si realmente no dudamos, hay que ir a lo importante: la exposición pública de un comportamiento vomitivo.
A lo que quiero llegar es a que: o contrastamos y damos por cierto el relato del trabajador – con lo que tenemos que dar el nombre de la empresa – o no publicamos absolutamente nada. Si no se nos dice el nombre de la empresa, mejor que no se nos diga nada. Las medias tintas que juegan entre el morbo y la cobardía no hacen ningún bien a nadie.
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ACTUALIZACIÓN a las 19h: Algunos medios sí están citando ya el nombre de la empresa, como por ejemplo La Sexta, cosa que es arriesgada, sí, pero coherente si confían en el relato del trabajador. Quiero hacer hincapié, ante el aluvión de visitas en este post, que mi ánimo no es el de hacer juicios paralelos sino más bien el contrario: o se hace periodismo de denuncia con todas las de la ley – dando nombres – o no se levanta la liebre en vano.
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