¿Twitter censura? Escepticismo o confianza

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Ilustración: Lutuff

Sí que ha dado de sí el fin de semana.

El viernes de madrugada se producía la chispa. Al despertar, encontrábamos varios titulares muy claros: Twitter censurará mensajes en aquellos países donde el contenido vulnere la ley, a petición formal de las “entidades autorizadas” locales y comunicando públicamente caso por caso.

Una primera ola de alarma recorre la red, en absoluto expandida por gente desorientada sino por medios o especialistas acostumbrados a bregar con información tecnológica. Por ejemplo el corresponsal de la agencia Associated Press en la capital tecnológica de Estados Unidos, San Francisco, que señala muy claramente que este anuncio “es el reconocimiento de que la compañía tendrá que censurar más mensajes para proseguir en su ambiciosa hoja de ruta” y señala directamente a China como razón real de este movimiento, con el ejemplo previo de Google. Esta crónica es la elegida por la sección de Tecnología de The Guardian para informar sobre el asunto durante todo el día.

En El País, el recién estrenado equipo de cobertura nocturna desde México comienza su pieza diciendo: “Toda la libertad no cabe en un tuit” e incide en la idea de que el genérico y ambiguo comunicado de Twitter hace pensar que sus ansias de expansión le harán colaborar con autoridades de regímenes nada amigos de la libertad de expresión.

Tras la primera lectura, llega el análisis en varios medios y revistas digitales, y la mayoría, incluído este blog, comparten una lectura en negativo del comunicado de Twitter. El especialista en Internet e industria tecnológica en la revista Forbes lo llama “el suicidio social” de la plataforma. En Al Jazeera vinculan la decisión con la entrada en el accionariado de la empresa de un príncipe de Arabia Saudi, uno de los países más opacos y poderosos en materia de represión de los derechos humanos.

Sin embargo, y conforme pasaban las horas del viernes, cada vez aparecían más voces contradiciendo el sentir general y advirtiendo de que el anuncio de Twitter era bien claro, que bastaba leerlo para darse cuenta de que lo anunciado por la empresa no era un ataque a la libertad de expresión sino una forma de blindarla dentro de sus posibilidades. Una mejora.

Eduardo Arcos, fundador de Hipertextual, se mostraba sorprendido por “la cantidad inmensa de mensajes desinformados” que estaba leyendo sobre la noticia. Y afirmaba:  ”Twitter ha eliminado contenido y hasta eliminado cuentas desde hace años. No es nada nuevo. Es normal, y además ¡es necesario! ¿Les parece bien que si un gobierno hace una demanda formal a Twitter para que se retire contenido publicado por una persona a páginas de pornografía infantil, estas no se eliminen?”

En otro clásico de la red, Denken Über, Mariano Amartino comentaba que “la gran mayoría” de los usuarios que ya hacían arder el hashtag #censuraentwitter en todo el mundo “se dedicaron a opinar sin siquiera entender que pasaba”. Se estaba “creando miedo donde no lo hay”. Según él lo entiende, Twitter viene a decirles a los gobiernos autoritarios “¿tienen un problema con un tweet? hagan denuncias judiciales, vengan con la sentencia del juez y lo vamos a borrar en su jurisdicción… ¿que? ¿que el resto del mundo va a saber que pasa con la opresión en su país (sea China, Egipto, Venezuela o USA)? y… si porque ustedes NO tienen jurisdicción fuera de su país”.

Otros referentes de la escena tecnológica española escribieron sobre este asunto en términos parecidos e insistiendo en que cualquier duda sobre las intenciones de Twitter solo podría venir de una mala lectura del comunicado de Twitter, donde todo queda claro y explicado.

Por acumulación de argumentos, el tono de la protesta empezaba a amainar ya para el sábado entre el intento fallido de una parte de los usuarios de hacer una jornada de dedos caídos. La guinda a esta corriente de análisis para calmar los ánimos la ha puesto todo un referente en materia de derechos civiles, sociedad digital y tecnología, la EFF (Electronic Frontier Foundation), que ha sido tajante sobre la decisión de Twitter: “Es buena. Por ahora, el efecto general es menos censura y no más censura”.

Esa frase sienta cátedra y vuela de blog en blog, de usuario en usuario. La que vuela un poco menos es la siguiente frase de ese mismo post: “Pero algunas voces se muestran preocupadas… ‘Si le das un camino lo usarán’ – es decir, si construyes una herramienta para la censura estado por estado, los estados comenzarán a usarla. Deberíamos permanecer en actitud vigilante contra esta posible consecuencia“, dice la EFF.

El mercado asiático es el objetivo más ambicioso para las nuevas empresas de la tecnología y la comunicación (foto cc juanlusanchez)

Cuestión de confianza

No es que unos hayan entendido mal y otros bien; ni siquiera es un error de comunicación de Twitter (bueno, un poco); es que, como suele pasar en comunicación corporativa, lo importante no es lo que se dice sino lo que se puede interpretar según el contexto. Y ahí cada uno interpreta una cosa. “Los gobiernos son malos y las empresas de internet son buenas. Es divertido ver cómo sustituimos las viejas mentiras por otras nuevas”, dice en un tuit el periodista Antonio M. Ron.

Porque incluso después de la segunda ola, la de aclaraciones, matizaciones y reconciliación, ha habido más expertos y analistas que siguen viendo un peligro potencial en la decisión de Twitter. Que, como suelen hacer con empresas de otro tipo, no confían en el discurso de responsabilidad social corporativa de quien en realidad quiere expandir su negocio.

Twitter se rinde a las necesidades del negocio frente a las libertades universales”, ha dicho este domingo Juan Varela. Y se sorprende ante “la candidez de algunos gurús que se desgañitan contra las leyes de propiedad intelectual pero no se ruborizan para plegarse como Twitter a autoridades dictatoriales o antidemocráticas”.

Para Varela, “los grandes de internet deben elegir entre defender la legalidad y los derechos globales o plegarse a legislaciones abusivas. Su dilema es también el de la gobernanza global y la lucha por la vigencia de los derechos humanos”.

Un detalle que apoya este argumento: como se dice, Twitter ya puede censurar contenido relacionado con la pornografía infantil, por ejemplo. No hace falta que nadie se lo pida legalmente. Lo importante es cómo actuará cuando China le pida que borre contenido de su disidencia. O Arabia Saudí.

Se suele argumentar estos días que Twitter tenía dos opciones: una, borrar los tuits en toda la red. Dos, borrarlos de forma local y así evitar la censura global. Pero había una tercera opción: no borrar nada que no tenga que ser borrado. ¿Quién decide eso? Complicado. Para empezar, existe una cosa llamada “Declaración Universal de los Derechos Humanos” y, por otro lado, en algún momento habrá que plantearse en serio la necesidad de una justicia universal y un derecho internacional de verdad, donde Internet tiene que ser un punto clave. Por eso al final esto es una cuestión de qué tipo de filosofía de responsabilidad social corporativa tengamos en la cabeza.

Hasta ahora, Twitter podía resistirse porque la legislación china o saudí no tiene potestad sobre ellos. La cosa cambia si Twitter quiere abrir oficinas en China y la cosa cambia si le da una herramienta para conseguirlo. En España puede que acabemos por no poder compartir archivos con copyright, pero en otros lugares qué importa si desde fuera se ve o no lo que tuitean: lo que tiene valor es el uso de la herramienta como canal alternativo interno de comunicación para el cambio.

Wael Abbas, otro activista egipcio de referencia en las redes sociales, ha dicho este fin de semana: “todos nuestros tweets están violando la ley”.

Imagen de previsualización de YouTube

En este vídeo de Vúdeo.orgTarek Shalaby da una conferencia sobre periodismo ciudadano y redes sociales centrada en su experiencia en Egipto. ”Aunque tengamos al Gobierno en contra de nosotros, lo bonito de Internet es que ahora no hay censura por Internet y hay que aprovechar esta época, porque dejará de ser así. Es peligroso para cualquier gobierno”, decía en julio de 2011.

Abrir un canal de comunicación con el totalitarismo siempre te acerca a él. Esa es la tesis de Reporteros Sin Fronteras, que también ha emitido un comunicado para pedirle a los ejecutivos de la red social que rectifiquen. Ellos insisten: esto no merma la libertad de expresión de nadie.

En The New York Times pueden leerse otras cuantas fuentes de prestigio que sostienen que, a pesar de lo que pueda parecer por el comunicado de la empresa californiana, en realidad el nuevo sistema va a perjudicar a los activistas por la libertad.

José Luis Orihuela, uno de los académicos de la red latinoamericana con más prestigio y autor del libro Mundo Twitter, sostiene que “aunque Twitter sea una empresa privada con fines de lucro que busca nuevos mercados, sus usuarios la demandan una ética global, no acomodaticia, y una defensa igualmente global de la liberta de expresión. Una plataforma que ha jugado un papel tan importante en las protestas sociales, especialmente desde La Primavera Árabe, no debería rematar ahora sus valores”.

Mientras tanto, Tailandia ya celebra su nuevo juguete y anuncia que se pone a trastear con él. A ver qué pasa.

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13 comments

  1. Adolfo Moreno   •  

    Cuando a la libertad se la pone algún tipo de cortapisa, deja de ser libertad en su sentido más puro. Es otra cosa, otra definición, que entre muchos intentarán pulir para que se acerque a lo que se entiende por “libertad”.

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