‘Paco 78 – Pentium 75′. La historia de Francisco Ramírez Postigo.

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Ha muerto Francisco Ramírez Postigo a los 87 años. Fue Paco ‘el poeta’ y antes Paco ‘el rápido’ y antes Paquito ‘el huérfano’. Y mi abuelo.

Me gusta pensar que su historia representa la de una generación reventada por la guerra, marcada para siempre por las miserias materiales y emocionales que sufrieron los perdedores, pero reinventada una y otra vez para no renunciar a la felicidad, a los deseos, a la pasión de vivir.

Sabía que llegado este día querría compartirlo. Por eso guardo este reportaje de radio que le hice hace 9 años – él teía 78, yo 23 – y que se emitió en un Hora 25 veraniego de la Cadena SER. Un reportaje titulado ‘Paco 78 – Pentium 75′:


Creo que no comparto esto por desahogo personal sino porque pienso – no soy objetivo, pero qué mas da – que la vida de este Paco, de mi abuelo Paco, es la vida de otros muchos pacos. Y que os gustará escucharle: era un personaje, todo un personaje, que aprovechaba cada oportunidad de que alguien le atendiera para lucir sus recursos retóricos, siempre humildes y a veces barrocos – como su poesía autobiográfica de niño analfabeto que descubre el mundo y no acaba de hacerse a él – pero llenísimos de bondad y verdad herida.

En el reportaje en la conversación se mezclan la vida y ya entonces la amenaza del deterioro que acaba en muerte. Y jugamos los dos – qué gran cómplice para un periodista – con la tecnología como símbolo de un empeño casi ciego por no dejar de vivir, por no renunciar a nada, por ser joven de viejo. Y deja caer perlas – qué gran tuitero habría sido – sobre masculinidad, amor, superación, política. Y yo al menos me río mucho.

Paco Ramírez ha fallecido el 2 de marzo de 2015, 9 años después del reportaje. La muerte le fue acorralando, arrebatándole las herramientas que a él le permitían vivir como un hombre nostálgico pero feliz, enérgico pero tierno. “El problema es que el ordenador, no el que yo compré, sino el mío, el que tiene 78 años… ya me está fallando”, me dijo en 2006. Y con eso ha estado luchando desde entonces. Hasta que respondió, enfadado, al órdago que le lanzaba su cuerpo: si tú no me dejas leer, recitar, rescatar más versos de la memoria, hasta aquí hemos llegado.

Y así se fue ocultando tras las mismas lomas que veía desde su balcón, por allí por detrás del Alamillo. Para que pudiéramos dejar de despedirle y volver a disfrutar, con sus versos y su voz, de las sencillas proezas de un hombre extraordinario.

Pues aquí quedan.

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2 comments

  1. Mati   •  

    Juanlu, precioso lo que has escrito del abuelo Paco. No lo has podido definir mejor y tan bonito. Hace muchos años que no te veo, pero como buen periodista, das la talla y más….Esto es lo primero que leo de ti y para mi es inmejorable. El abuelo estará muy orgulloso de ti, donde quiera que esté. Un abrazo.

  2. Vic   •  

    Qué bonito… La verdad es que tienes razón, es la vida de muchos otros Pacos. No he podido parar de pensar en mi abuelo.. Aunque claro, lo te manejar el ordenador..Menudo personaje!! Sé que te sientes afortunado de haberlo tenido en tu vida y de lo que te enseñó. Y eso dice mucho de una persona.

    Un saludo.

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