No importa quién mandó el SMS del 13-M

No está mal que sepamos quién hizo qué [autor del SMS del 13M: sabemos que nos lees, manifiéstate], sobre todo para defender la transparencia y evitar sospechas de concentraciones opacas de poder en nombre de las multitudes. Pero no, ya no importa más la autoría que la interacción. Porque ningún autor, hubiera sido del PSOE, de IU o de Podemos sin todavía saberlo, representa toda la energía, toda la pluralidad de aspiraciones e interacciones, que es capaz de desencadenar un mensaje.

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El eco de Vistalegre

sillas podemos

Vistalegre hace eco. No sólo retumba la megafonía penetrando por los vomitorios de la antigua plaza de toros, también reverbera la memoria de un lugar que fue santuario del PSOE para los años cumbre del zapaterismo. En 2003, un Vistalegre abarrotado se levantaba entre banderazos enrabietado por unas elecciones que creía haber ganado y que el ‘tamayazo’ le quitó.

Sobre el escenario que hoy pisa Pablo Iglesias, el éxtasis de aquella mañana de domingo de 2003 llegó espoleado por una intervención del entonces presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. El barón del PSOE, ya curtido, alzó los brazos ante el atril y puso las dos manos en forma de pistola; cañón con el índice y martillo con el pulgar. ”¡No pasarán!”, dijo una vez; “¡No pasarán!”, dijo una segunda agitando las pistolas; “¡¡No pasarán!!”, gritó a su máxima potencia al tiempo que miles se alzaron. A la mañana siguiente ninguna institución progresista acusó al PSOE de manipular, de hacer demagogia, de jugar con el populismo.

El “no pasarán” de Ibarra es “el asalto a los cielos” de Pablo Iglesias, parafraseando cada uno desde su lugar ideológico aunque desde la misma tarima. Pirotecnia dialéctica para generar base social, retórica política para aglutinar apoyo. Política clásica para liderazgos fuertes. En el caso de Iglesias, un poco de lo de siempre para intentar hacer hueco a algo nuevo. Es, sin embargo, un mensaje construido desde un concepto diferente, el de la clave para todo el nuevo universo Podemos: la idea de que, efectivamente, pueden. Que la victoria es posible; que ya no se trata de resistir (no pasarán) y saber quiénes son (la izquierda y, además, mejor si está muy unida), sino de salir ahí fuera con el machete en la boca para desbrozar la selva hasta llegar al poder. Porque pueden.

Sigue leyendo en eldiario.es mi crónica sobre el encuentro de la Asamblea Ciudadana de Podemos.

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Nadie puede quedarse fuera del año de nuestras vidas

“Es el año de nuestras vidas”, decía hace unos días Javier Gallego en su arranque de Carne Cruda. Viene tal combinación de elecciones, decisiones y reacciones que dentro de un año todo será radicalmente diferente, aunque sea para no cambiar.

La conversación se va a poner tensa. Y estaría bien que algunos temas no se cayeran de la agenda de prioridades, ni siquiera en nombre de la victoria. Por ejemplo, la cooperación internacional, los derechos humanos y sus violaciones en nuestra frontera, en nuestros CIE, en nuestros centros de salud.

Esta semana hemos colaborado con ACNUR en un debate entre PP, PSOE, IU, UPyD y Podemos sobre inmigración y asilo. Me encargué de la moderación. Tenéis un resumen de lo debatido y aquí el vídeo completo:

Unos días antes, los compañeros de La Tuerka me invitaron a participar en otro debate sobre el mismo tema junto a Tania Sánchez, Amparo González Ferrer y Elena Vázquez.

Nadie puede quedarse fuera del año de nuestras vidas.

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Ya pasó la fiesta

Ya pasó la fiesta. Aún nos dura la resaca de la noche en la que celebramos los dos años de eldiario.es, pero ya estamos enterrados en la siguiente rutina, enfrascados entre párrafos que no acaban de encajar y fuentes que llaman hoy porque ya no les conviene lo que te contaron ayer; apasionados con el siguiente reto, con el que nos llenamos las manos mientras con la punta del pie y de reojo colocamos los cubos que recogen las goteras que salen cuando nos llueve de imprevisto y no hay paraguas para todos. Estirando la paciencia con el chicle de la ilusión; sobrevolando las inercias con el tauritón de la alegría.

Hay de pronto un tipo nuevo sentado en aquella esquina. Un carnicero con el que ahora ya no tenemos que whatsappearnos para tomar una cerveza al salir. El grupo de Telegram hierve porque cada vez somos más. Hemos dibujado una reorganización de las mesas de la redacción otra vez para poder encajar, pero una misteriosa fuerza – es inercia pero también es resistencia nostálgica – nos frena y no acabemos de hacer los cambios nunca. Tendremos que aprender a mirarnos de otra manera, como cuando conduces un coche en un país donde se circula por la izquierda; tu cuello gira instintivamente hacia donde había un retrovisor y encuentras una ventana.

Jesús no pudo venir a la fiesta porque él era eldiario.es esa noche, como tantas otras noches; y Aitor tampoco porque estaba por ahí de vacaciones buscando su sombra para cosérsela a los pies. Ander se tuvo que ir antes para poder abrir la tienda. Diana organizó el sarao y Alejandro hizo este vídeo donde salimos unos cuantos para dar las gracias.

Los primeros del lugar ya contamos batallitas. Pues sí, hay que asumirlo. No se me va a olvidar aquella primera mañana con wifi (era lo prioritario) y sin muebles en la primera redacción de eldiario.es, desde donde escuchábamos los ensayos de El Rey León. Ese que ahora fotografiamos desde el otro lado de Gran Vía. Hubo un momento de conciencia, sentado en el suelo de la habitación y un Google Docs abierto: “Funcional técnico de eldiario.es (v junio 2012)”, que era básicamente el diseño de las tripas y la arquitectura de lo que hoy se ve.

eldiarioes 2014

Han pasado dos años  desde la foto de izquierda hasta las dos siguientes de la redacción y de la fiesta con socios. Pero sobre todo han pasado tantas cosas que, además del subidón, ya nos permitimos el lujo de la melancolía.

Ya pasó la fiesta. Ya hemos presumido, celebrado y nos han abrazado. Hemos preparado, bebido y nos hemos emocionado. Ahora queda todo lo demás. Esperen un momento, que viene un compañero a que pensemos juntos un titular.

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