"Nunca habíamos visto esto en el barrio"

La asamblea del barrio de Tetuán vota volver a reunirse la semana que viene en la llamada "plaza de las palomas"

El movimiento 15M ha comenzado su transición. Antes de levantar voluntariamente el campamento de la Puerta del Sol – cosa que de manera no oficial se dice que ocurrirá antes del miércoles, aunque dependerá de la coordinación con otras ciudades – se quería garantizar una continuidad en las calles llevando los grupos de trabajo a los barrios y a los pueblos, descentralizándolo.

Más de dos mil personas en Vallecas. Cientos de personas en Lavapiés y a apenas unos metros, en la plaza Santa Ana, otros cientos, y a apenas unos metros, en la Plaza del Carro de La Latina, otros tantos. Y en Prosperidad, y en Aravaca, y en Retiro y en un largo etcétera de nombres que están marcando el camino de salida para las acampadas de otras ciudades.

“No habíamos visto esto nunca en el barrio”, nos comentan Toñi y Luis, vecinos desde hace casi 30 años en Tetuán, un distrito donde podemos encontrar rascacielos de oficinas en el norte y manzanas donde prácticamente solo viven dominicanos en el sur.

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Madrid. Gran ciudad. Capital que se teje por relaciones laborales, donde cada uno conoce cada vez menos a sus vecinos, la anomia, dice la sociología postmoderna. ¿Cuajará un movimiento vecinal asambleario? ¿Preferirá el joven de Usera participar en la reunión de su barrio, con el que se siente poco identificado, que juntarse con sus compañeros de Facultad en la asamblea de Lavapiés o Tribunal, zonas donde suele pasar sus ratos de ocio? Otra línea de observación más de este fenómeno que está dando más respuestas por la vía de los hechos que por la vía de los contenidos.

Había cierta expectación por saber cómo se pronunciarían las asambleas de los barrios con respecto a la permanencia de la acampada en Sol. A falta de que las actas se pongan en común entre esta noche y mañana, el sentir general de las reuniones de Vallecas, Tetuán o en el Centro es que el ciclo de la ‘Ciudad Sol’ está agotado y que son los barrios y la participación a través de Internet los que ahora tienen que tomar el relevo.

Asamblea en la Plaza de los Carros, Madrid. (Olga Rodríguez)

Sin embargo, hay asuntos de fricción que bloquean ese debate: por un lado, ¿la prioridad de las asambleas debe ser la de discutir problemas del barrio o primero hay que ayudar al resto del movimiento 15M a consensuar unas propuestas ideológicas más generales de cara a la sociedad?

Por otro, el pasado jueves, la asamblea general de la acampada de la Puerta del Sol hizo circular cuatro propuestas políticas elaboradas por una subcomisión que no pasó por órganos intermedios antes de pedir la aprobación del documento. Eso ha creado un gran malestar en las comisiones que, tema por tema, están intentando elaborar una agenda de propuestas políticas firmes desde el movimiento 15M.

Esta segunda cuestión, que permanece soterrada pero que ya deriva en tensiones, y otras como una cierta terminología heredada de la acampada de Sol y no libre de connotaciones internas, como “consenso de mínimos”, ha creado esta mañana asambleas ‘de doble velocidad’, donde los vecinos que no están implicados en el movimiento desde el principio intentaban sin mucho éxito comprender todo lo que se debatía.

Como ha pasado en Tetuán, o en Carabanchel, o en varios barrios más según los testimonios en twitter, el entusiasmo de los asistentes por participar del movimiento 15M ha chocado con las dinámicas asamblearias. “Hemos estado una hora y cuarto decidiendo quién modera, cómo se modera, cuándo se celebra la próxima, a qué hora, dónde o si dejábamos que la gente hiciera fotos o grabara las asambleas… Todo es desesperadamente lento”, nos decía un vecino de Vallecas en la misma línea que otros en diferentes barrios. Y, sin embargo, poca gente se ha movido del sitio antes de finalizar. “Esto es solo el prólogo, en la próxima entraremos en materia”, nos comenta una vecina de La Latina.

Jesús, por ejemplo, es optimista:
http://www.youtube.com/watch?v=XzVsoxOR7V4[/youtube

El barrio como entorno seguro

Vivienda, desahucios, pensiones, son palabras que han surgido en el debate vecinal de Tetuán. Se creará una línea de trabajo para "apoyar a nuestros vecinos inmigrantes contra redadas policiales y para mejorar la convivencia en el barrio", en palabras de una de las personas que ha tomado la palabra. El 9% de la población del distrito es de orígen inmigrante.

Precisamente al final de la asamblea nos quedamos charlando en uno de los corrillos que se ha formado. "Yo creo que las asambleas de barrio van a ayudar a que muchos inmigrantes participen en el 15M, porque a Sol no van muchos porque tienen miedo: de que si la policía interviene ellos tengan problemas por lo de los papeles, o simplemente porque no sean escuchados", dice alguien. "Es que no se sienten representados", responde la directora de una asociación de mujeres inmigrantes del barrio.

Vallecas es Vallecas. La asamblea ha convocado a más de 2.000 personas, las que cabían en la plaza, el resto que acudieron se quedaron fuera por falta de sitio. Tanta gente que alguien ha propuesto que se dividan para reuniones futuras. Denegado.

Asamblea del Barrio de Prosperidad, de Madrid (Elena Cabrera)

Tras la asamblea, corrillos de discusión política en Tetuán (J.L.S.)

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Sáhara: sin salida de emergencia

Dajla es uno de los cuatro campamentos donde miles de refugiados saharauis llevan esperando 35 años a que les dejen volver a su casa (J. R.)

Dicen que el origen de Dajla, a unos 150 kilómetros y 4 horas en coche desde Tinduf, la ciudad más cercana, está en las 23 palmeras que se alzan en su centro, un oasis seco que al principio hizo de pozo y que ahora se aprovecha para el ocio como la única zona de sombra natural. El desierto del Sáhara a la altura de la hamada argelina es agresivo con el ser humano; temperaturas extremas, aislamiento absoluto, un secarral inmenso donde no hay nada.

Técnicamente esto se llama “campamento”; así insisten en llamarle para perpetuar la semántica de la provisionalidad, como para decir “aquí estamos, pero no nos quedamos: esta no es nuestra tierra”. Porque su hogar está al oeste, ocupado ilegalmente por Marruecos desde hace 35 años, separado de ellos por un muro, habitado por los familiares que se quedaron para vivir bajo el acoso de la estrategia de colonización marroquí, que intenta poblar la zona para ganar la definitoria batalla de la demografía.

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“He nacido aquí, he vivido aquí toda mi vida, pero ésta no es mi tierra”, dice Bedid, de 21 años, una de los miles de habitantes de los cuatro campamentos saharauis. Bedid tenía apenas unos meses de vida cuando Naciones Unidas le dio la razón a su pueblo: tendría que celebrarse un referéndum por el cual la república del Sáhara sería una realidad independizada y su familia podría volver a casa. Los papeles decían que eso ocurriría en 9 meses; han pasado 20 años. 20 años.

Bedid Hama lleva una bandeja de una habitación a otra en la casa de su madre (J.L.S.)

Bedid acepta con naturalidad que podría perder un padre y un marido – si pasan 10 años más, podría perder también un hermano pequeño – en un nuevo enfrentamiento con Marruecos. La juventud quiere guerra. El argumento oficial del Frente Polisario, que organiza la vida militar y civil de la población en el exilio y hace lo que puede con los saharauis del territorio ocupado por Marruecos, es que no sacrificarán a su pueblo en una “guerra de aventura”, en palabras de la ministra de Cultura, Jadiya Hamdi, donde tenga todas las de perder. Entre líneas se entiende que hasta que el tablero de juego no cambie radicalmente y el Polisario tenga un respaldo internacional fuerte en caso de enfrentamiento armado, no vale la pena el riesgo. Entonces será “la guerra definitiva”, dice la ministra.

Pero la juventud quiere acción. Ibrahim también tiene 21 años. La conversación fluye mucho más si se habla sobre fútbol. Madrid, Barça, Messi, Ronaldo, Mourninho. ¡Ay, Mourinho! Pero si sus amigos no miran, también habla de política. Entró en el Ejército a los 16 años. “¿Estudiar? Estudiar en Marruecos está muy bien, estudiar en Argelia, o en Francia o en España. Pero aquí no sirve de nada. Primero tenemos que solucionar un problema previo: tenemos que recuperar nuestra tierra. Luego estudiaremos”, nos dice en castellano. “Hay que ir a la guerra o morir enterrados en la arena”.

Ibrahim lleva desde los 16 años en el Ejército del Frente Polisario, a la espera de que algún día estalle la "guerra definitiva" (J.L.S.)

El desgaste del discurso político de la “intifada pacífica” hasta que “Marruecos cometa un error” y llegue “la oportunidad” se ha hecho evidente en cada acto público del programa del VIII Festival Internacional de Cine del Sahara. La narrativa polisaria, sus ganchos dialécticos, sus arengas y sus vítores solo levantan ya la euforia de aquellos que están localizados en la parte institucional del auditorio. Mientras tanto, el resto de los asistentes, charlan entre ellos e ignoran los momentos de aplauso o cántico reivindicativo. Desconexión por apatía política en algunos casos, sí, pero en otros muchos porque el lenguaje de la paz ya no les vale, especialmente a quienes no estuvieron en el frente de 1976 a 1991. Hay grupos de jóvenes que se reúnen cada semana para hablar de la guerra que está por venir.

También hay voces críticas que aunque no apuesten directamente por el enfrentamiento armado sí que reclaman acciones concretas que desestabilicen el status quo. Algunas muy autorizadas, como la de Franceso Bastagli, que dimitió como jefe de la misión de Naciones Unidas en el Sahara en 2006 tras un año en el cargo ante la inutilidad de una misión vigente pero capada, con 260 militares acuartelados y haciendo trabajo administrativo, cuyo única tarea es ya vigilar que se cumpla el alto el fuego.

Un grupo de hombres durante los discursos del gobierno polisario en la inauguración del FiSahara (J.L.S.)

Bastagli admite que ”existe la necesidad de hacer algo físico, un proceso de acontecimientos y no de resoluciones y papeles”. Tras 35 años trabajando para Naciones Unidas en los peores momentos de Centroamérica y los Balcanes, Bastagli reconoce en el caso del Sahara “la ONU no cumple” y habla de “fracaso” y “vergüenza”. Y sigue: “aquí prevalece el interés de los países que mandan en la ONU sobre los derechos humanos”. En una comparecencia ante los medios convocada por el Frente Polisario en Dajla, no ahorró en críticas para la “hipocresía” de la comunidad internacional a la que hasta hace 5 años representaba en la zona y cuyo escudo sigue apareciendo en su tarjeta de visita.

Esas acciones concretas a las que se refiere en público Bastagli y en privado mucha más gente se han visto reforzadas por la repercusión alcanzada por las reivindicaciones sociales que Marruecos reprimió violentamente en noviembre del año pasado en Gdeim Izik, en el Sahara bajo su control. Un entusiasta grupo de activistas que estuvo presente en aquel episodio y que sufrió la represión posterior ha sido invitado al Festival para contar su experiencia e intentar amortiguar la sensación de que el Polisario tuvo poca influencia en aquella protesta civil que sí pudo causar problemas a Marruecos.

El discurso de los activistas intenta no distanciarse del de sus anfitriones – “intifada pacífica”, diplomacia, “nuestra única arma es la bandera saharaui” – pero destila un tono más inquieto y beligerante. Presumen de que las revueltas del Norte de África y Oriente Medio tuvieron su primera chispa precursora en Gdeim Izik. “Pero nuestro caso es diferente”, nos había contado Ibrahim antes, “porque nosotros no queremos cambiar de gobierno, ni crear una revuelta interna, ni reformas, sino recuperar nuestra tierra, que está en manos de un país que no es el nuestro”. Es un conflicto internacional.

El exceso de fluor en el agua destroza los dientes de los saharauis, con tasas muy altas de celíacos o diabéticos por la alimentación deficiente (J.L.S.)

En 20 años de espera en el desierto, a Bedid le ha dado tiempo a acumular 5 hermanas, un hermano y un marido. Se casó el año pasado con Ahmed y están construyéndose una casita de barro, a la que le están echando creatividad: han usado una rueda de coche como molde para hacer un arco en la puerta principal y, aunque queda la huella del neumático como adorno no intencionado, le da un toque a la casa que la hace popular en el barrio.

El marido de Bedid, Ahmed, prepara té para los otros dos hombres que le ayudan en la construcción de su nueva casa (J.L.S.)

Bedid habla español, como muchísimos jóvenes. Ha pasado tres veranos con una familia de Toledo dentro del programa que acoge a cientos de saharauis cada año. Dos de sus hermanas están ahora mismo en Zaragoza y Sevilla “y probablemente ya no vuelvan. Están estudiando y quizá consigan trabajo allí cuando terminen”, nos cuenta.

La vida de toda una generación está marcada en parte por la solidaridad española: “ahora no tenemos nada, pero si hubieras estado aquí hace diez años, esto era mucho peor”, nos dice Bedid mientras mira de reojo a su madre, tumbada en el suelo para soportar el calor. Con el dinero que le envían desde España, su familia ha podido comprar colchones y una placa solar que engancha a dos baterías de coche para generar algo de electricidad. En Dajla no hay tendido eléctrico, ni sistema de desagüe, ni un centímetro de asfalto. Arena, arena, arena. También gracias al dinero de quienes estuvieron aquí y no se olvidan, Bedid ha podido construirse una casa. Le preguntamos cuánto cuesta hacer una habitación como en la que ella nos acoge: “cuatro papeles de 50 euros”.

Bedid siente que la vida le debe algo y por eso ha decidido retrasar, por ejemplo, lo de ser madre. “Me tendría más ocupada”, dice entre risas y niños; su madre, de 46 años, tuvo su único varón hace poco y una de sus hermanas ya tiene un bebé. El Frente Polisario asegura que la mujer sigue siendo protagonista de la vida política, de la que se encargó por completo durante los años de la guerra mientras el hombre estaba en el frente. Desde el alto el fuego de 1991, “tenemos el problema de que el hombre ha vuelto a la vida civil pero no tenemos capacidad para generar puestos de trabajo para todos”, nos confiesa la ministra Hamdi.

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No sabemos si se conocen o es que se trata de una sensación extendida, pero Bedid calca el argumento de Ibrahim: “En España, puedes estudiar para hacer muchas cosas para tu país. Pero aquí, aunque tengas ideas en la cabeza, no puedes hacer nada. Puedes ser profesora o trabajar en el hospital, eso sí, pero de lo demás no hay nada”, se queja, aunque sí conserva el ímpetu por aprender. Dejó los estudios a los 13 años, pero quiere “hablar mejor español y francés” y especializarse en medioambiente para concienciar a sus vecinos de cómo gestionar su basura o de que no es bueno dejar sueltas las cabras, de cuya carne suelen alimentarse, para que no coman plástico y otras basuras.

Hay vida humana, muy digna, en lugares del mundo incluso más hostiles que el trozo de nada donde viven los refugiados saharauis. Pero la provisionalidad los tiene atados a la miseria: el objetivo no es la prosperidad sino la resistencia y, a través de ella, conseguir justicia y poder volver a casa. Mientras sucede, esperan a que se abran las puertas de un infierno que les tiene encerrados sin salida de emergencia.

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Comprar acciones para poder decirle lo que piensas al BBVA, Inditex, Repsol…

Jordi Calvo se puso camisa naranja, pantalón negro y zapatos de vestir el viernes por la mañana. Salió de su habitación del hotel, donde pasó la noche tras aprovechar el viaje desde Barcelona para participar en una charla en el Casco Viejo, con tiempo suficiente para llegar con calma al Palacio Euskalduna, lugar que albergaría a partir de las 12 la Junta General de Accionistas del BBVA de este 2011. En la puerta del centro de congresos de Bilbao había un par de furgones policiales aparcados, algunos ertzainas simplemente echando un vistazo y un grupo de ecologistas que protestaba. Jordi Calvo les saludó – les había visto la noche anterior – y luego se dirigió a la puerta principal del edificio.

Cuando mostró su identificación su nombre apareció efectivamente en el listado de accionistas. Jordi Calvo acudía a la asamblea con 350.000 títulos bajo el brazo, la mayoría delegados en él por otros inversores. Con la acreditación ya en el cuello, pasó a la sala principal y se sentó donde le correspondía. Entonces identificó al que sería su acompañante durante toda la mañana, un discreto agente de seguridad privada.

A las 12 del mediodía, como estaba previsto, comenzó el acto. Desde el perfectamente iluminado escenario, obviamente dominado por el color azul, el presidente del BBVA, Francisco González, tomó la palabra en primer lugar; sacó pecho de los beneficios de su grupo, que habían crecido un 9,4% con respecto a los del año anterior, y se permitió recomendar su receta de éxito al Gobierno para sacar al país de la crisis. Fueron 30 minutos de un discurso político más que empresarial. Luego llegó el turno del consejero delegado del banco, Ángel Cano, que consumió otros 30. Le siguieron otras intervenciones más técnicas de otros directivos.

Se abre el turno para la intervención de accionistas, se dijo desde las alturas azules. Un escaso grupo de unas 10 personas se levantó de sus asientos y se acercó a la zona de los micrófonos del público, donde alguien les tomó nota de quiénes eran. Jordi Calvo, con su inseparable y discreto acompañante que no le quitaba los ojos de encima, esperó su turno cerca del micrófono.

Los 8 turnos de palabra que precedían al de Jordi Calvo se consumieron entre halagos a la buena marcha del grupo, alguna queja personal por agravios internos y la intervención de los representantes sindicales. A las 14.30, Jordi Calvo se levantó de la butaca,caminó hacia el micrófono… y habló.

Buenos días señores y señoras accionistas del BBVA, mi nombre es Jordi Calvo Rufanges y les hablo como miembro del Centro Delàs de estudios por la paz en representación de diversos accionistas y de la Campaña BBVA sin armas… (discurso completo)

Jordi Calvo lleva años practicando el “activismo accionarial”, que consiste en que las organizaciones sociales que son críticas con una empresa compren acciones de la misma para tener derecho a hablar en la junta de accionistas. “Es más sencillo de lo que parece”, nos cuenta Jordi a la salida ya de la reunión del BBVA. “Simplemente hay que comprar una acción. En cualquier sucursal u oficina puedes comprarla; es barata, cuesta unos 10 euros”. En su caso, los títulos habían sido delegados por varias organizaciones y ciudadanos que apoyan la campaña contra la financiación de empresas que fabrican armas nucleares, bombas de racimo o minas antipersonas, entre otras. “Realmente da igual tener muchas o pocas acciones, te dejan hablar el mismo tiempo; la particularidad en el BBVA es que con menos de 500 no puedes entrar en la junta”.

El Banco Santander también tiene sus caballos de troya. El 11 de junio de 2010, en su última asamblea, un tipo de camisa blanca y pantalones negros, respiraba nervioso ante el micrófono y la mirada de Emilio Botín.

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Jordi Calvo, de nuevo. Pero también ha estado Annie Joh, responsable de la Campaña Finanzas Éticas de Setem en España, que en 2008 y 2009 se subió al estrado para que el Santander dejara de financiar el proyecto Rio Madeira en Brasil por los perjuicios que estaba provocando en las personas de la zona y en el medio ambiente de esta región amazónica.

De hecho, Setem es una de las pioneras en esto del activismo accionarial; desde 2001 tienen acciones en Inditex, coincidiendo con la salida a bolsa de la empresa de Amancio Ortega, el hombre con más dinero de España. Setem ha usado las asambleas para denunciar por ejemplo la explotación laboral a través de subcontratas en la fabricación de ropa de Zara, Oysho, Massimo Dutti, Pull & Bear y otras marcas; o para pedir – y conseguir tras dos años insistiendo – indemnización a las familias de las 64 víctimas de un incendio en una fábrica de una subcontrata Bangladesh.

Annie Yumi Joh, de Setem España, proyectada en las pantallas de la junta de accionistas del Barnco Santander en 2009

El activismo accionarial tiene su punto de morbo – casi al estilo de Tengo una pregunta para usted – porque el presidente de la compañía está obligado a contestar a las preguntas de los accionistas. Eso sí, todas juntas y al final – más bien al estilo grupo mixto – y casi nunca de una forma muy concreta. “Normalmente, nos despachan con tres palabras. Niengan que lo que decimos sea cierto, nos acusan de ser injustos y reiteran que ellos cumplen los acuerdos internacionales”, nos comenta Jordi Calvo. Nanda Couñago, de Setem Galicia, nos cuenta que ya no le responde Amancio Ortega, que se acaba de jubilar, y que en su lugar en las juntas de Inditex está ya al mando su sucesor, Pablo Isla. Total, “siempre nos dicen que averiguarán lo que puedan y tal… Solo buenas palabras, se van por las ramas y no tenemos derecho a réplica”.

La camisa y los zapatos de Jordi Calvo no son su atuendo habitual. “Me visto así para que no se asusten”, nos dice entre bromas. El ambiente en una de estas juntas suele ser tenso. “Nunca nos han abucheado”, nos cuenta Nanda Couñago, “pero sí hay recriminaciones mientras hablas y alguna reacción airada”, y recuerda especialmente una que tuvo lugar en la junta de Adolfo Domínguez, donde también llevan ‘infiltrados’ cinco años. Couñago apunta, eso sí, que “también hay accionistas que no tienen nada que ver con nosotros que luego se acercan discretamente a animarnos”. ¿Os llaman luego para ver cómo pueden ayudar?, le preguntamos a Nanda. “No, la verdad es que no”.

Un miembro de Justicia y Paz en la asamblea del BBVA de 2010

Y todo esto, ¿para qué?

“Somos consientes de que no vamos a cambiar el sistema de deslocazicacion del textil por ir a una asambea de Inditex”, dice Couñago, “porque el fallo está en el modelo a nivel internacional; no hay una justicia a la que recurrir”. Calvo también reconoce que “nuestro objetivo con estas acciones no es cambiar a la entidad; sería muy ignorante pensar que podemos hacerlo así. Es una acción simbólica, pedagógica y de comunicación”.

Sin embargo, otras ONG sí que confían en este formato de diálogo para cambiar las cosas. “Nosotros no vamos a las juntas de accionistas a protestar ni a llamar la atención, sino a hacer peticiones concretas y propuestas”, nos dice Susana Ruíz, de Intermón Oxfam. “Usamos el voto de accionistas que están de acuerdo con nosotros“, esto es, de inversores que además de rentabilidad económica están abiertos a que las empresas donde meten su dinero sean más responsables socialmente. Su relación más importante es con Repsol YPF, para cuyas asambleas Intermón recibe casi un millón de acciones de Noruega y Estados Unidos, que ha cambiado algunas de sus políticas sobre poblaciones indígenas en las explotaciones petroleras del Amazonas, según Susana Ruíz, gracias a las presiones y reuniones con su organización; “no estamos contentos al 100%, pero sí que se han producido mejoras”.

La multinacional hispano-argentina presidida por Antonio Brufau está ahora analizando la última propuesta que la propia Susana Ruíz hizo en nombre de su organización y los accionistas a los que representaba en la junta celebrada en abril de 2010 en Madrid: que Repsol respalde un modelo de contabilidad internacional más transparente. “No puedes pedir que en ese momento Brufau te dé una respuesta concreta”, dice Ruíz, “pero la petición abre la puerta de reuniones posteriores”.

En estos casos no hay pancartas ni acciones espectaculares – “porque con el personal que nos ponen encima sería imposible hacer nada; en 2 segundos estaríamos fuera de la sala”, nos dice Jordi Calvo – pero en ocasiones sí que los activistas aprovechan que se han infiltrado para realizar una acción más impactante. Lo ha hecho, por ejemplo, Greenpeace con Nestlé para rematar su campaña contra el uso de aceite de palma para la fabricación de chocolate que provenga de la deforestación de Indonesia. Una vez dentro, los activistas desplegaron varias pancartas desde el techo.

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Una casa para siempre, barata, digna y sin hipotecas

Pagas como mucho un depósito de 6.000 o 12.000 euros por la casa. Sin bancos de por medio. Luego abonas una cuota de 300 a 700 euros mensuales, como un alquiler pero más barato y que te da derecho a usar la casa como quieras sin límite en el tiempo. No puedes venderla ni alquilarla, pero sí darla en herencia. Si te cansas, si te quieres ir, te vas; no hay hipoteca que te persiga. Dejas de pagar la cuota y, además, se te devuelve el depósito con la subida del IPC incluída.

No es ninguna ocurrencia trasnochada; es el proyecto de Sostre Cívic, una organización que lleva más de 5 años trabajando por encontrar un nuevo modelo de acceso a la vivienda que no dependa de la especulación y el abuso de inmobilarias, bancos y mercados. El modelo de Sotre Cívic no solo suena bien sino que ha pasado todos los filtros de rigor empresarial de Ashoka, una red internacional de filantropía que financia ideas de economía social con criterios muy exigentes.

El modelo tiene precedentes en Dinamarca o Alemania y nombre propio: cooperativa de uso. Eso significa trascender las cooperativas que se organizan solo para constuir y mantener la autogestión también durante el tiempo en que se vive en el edificio. Es una figura que no encaja bien en la mayoría de las leyes de vivienda que existen en España, con lo que Raül Robert, responsable de Sostre Cívic, se ha pasado los últimos cuatro años no construyendo y gestionando viviendas – como le habría gustado – sino “convenciendo a los técnicos de los Ayuntamientos y a los políticos de que esto tiene sentido, haciendo alegaciones a la actual ley de vivienda de Catalunya y promoviendo cambios en las normativas”. Su trabajo de pedagogía política dio frutos en marzo de 2010, cuando las leyes cambiaron para dar sitio al “derecho de uso” como fórmula que no es usufructo ni alquiler.

Raül Robert decidió impulsar la fórmula de la cooperativa de vivienda al comprobar cómo lleva 20 años funcionando en Dinamarca o Alemania

Volvamos al mecanismo. El esquema está pensado para funcionar en pueblos de 6.000 a 30.000 habitantes, más que en grandes ciudades. El Ayuntamiento cede el derecho de uso del suelo durante 35 años de manera que siga siendo patrimonio público pero gestionado por la cooperativa. “Nosotros somos los que soportamos el endeudamiento, no el usuario de la vivienda”, nos dice Robert. “Perdemos dinero con la construcción y la gestión y luego lo recuperamos con los depósitos iniciales y poco a poco con las cuotas, de manera que incluso podemos pagar un canon anual al Ayuntamiento”. De grandes beneficios, nada de nada. “Eso de que para tener una vivienda hay que depender del banco no es verdad en otros lugares de Europa; el banco es sólo una manera, pero hay otras”.

Sin embargo, con la ley a favor el viento se le ha puesto en contra. “Con la crisis se han congelado las ayudas y la constucción de viviendas públicas”, se lamenta Raül, porque entre ellas estaban algunas de las suyas. Como las 40 casas que tenían ya adjudicadas en un paquete de 4.000 que se proyectaron en 2006 en la localidad de Cerdanyola. La obra se detuvo “cuando se terminó de hacer la primera calle”. La construcción desmesurada incluso en pequeñas poblaciones ha dejado un cementerio de miles de casas vacías que por impago o falta de venta son propiedad de los bancos y cajas de ahorros, cómplices improbables del modelo de derecho a uso. Por ahora, solo 9 viviendas en Santa María d’Oló se autogestionan gracias a una cooperativa. Otras 25 familias están esperando casa para poder formar su propia cooperativa.

Infografía del complejo de viviendas públicas de Cerdanyola que nunca se llegó a constuir

Como alternativa al boom inmobiliario y a la espera de que se hagan públicas las nuevas ayudas a la vivienda en Catalunya, Sostre Cívic afina el tiro para sobrevivir a la crisis. “Ahora mismo estamos apostando por la rehabilitación. Buscar viviendas que lleven 20 o 30 años vacías en pequeñas ciudades o pueblos, localizar al propietario, investigar con él el estado de la casa y calcular si podemos pedirle que nos la ceda durante un periodo largo de tiempo para poder formar una cooperativa. Además de pagarle un canon, como le pagaríamos al ayuntamiento, el compromiso es devolverle la casa rehabilitada”. Raül tiene claro que “ningún promotor inmobiliario perdería el tiempo en tan poca cosa. Lo hacemos como proyecto social, económico y ecológico”. De vocación, inmobiliario social.

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La Iglesia se topa con Florentino

El Gusto de Servirle es una “empresa de inserción” nacida en el seno de Cáritas, la ONG de la Iglesia Católica, para dar empleo a personas con riesgo de exclusión social, es decir, a personas que están al borde de una situación muy peligrosa por haber sufrido violencia, discriminación, estar al filo de la pobreza o no tener las habilidades ‘homologadas’ para competir por un puesto de trabajo.

Cocina de El Gusto de Servirle

Las 11 personas que trabajan en Burgos en El Gusto de Servirle daban servicio, hasta ahora, a unos doscientos ancianos, a los que visitaban cada día para llevarles comida caliente y su ropa lavada y planchada. “Es un servicio que nosotros propusimos en el Ayuntamiento y que de hecho se creó por iniciativa nuestra”, nos cuenta el reponsable de Cáritas en Burgos, Andrés Picón. “Ahora se ha cumplido el contrato y, al sacarlo de nuevo al concurso de varias empresas, se lo ha llevado Clece”.

Clece. Ya hablamos en Periodismo Humano de esta empresa del Grupo ACS, del que es propietario Florentino Pérez, más conocido por ser presidente del Real Madrid. Clece ha aumentado vertiginosamente en los últimos años su presencia en el sector público gracias a que ha conseguido ganar concursos para gestionar casi de todo: aeropuertos, limpieza de edificios institucionales, la comida de los hospitales, jardinería, así como más de 100 guarderías públicas que en muchos casos antes coordinaban organizaciones sin ánimo de lucro o cooperativas.

Sobre Clece cae dentro del ‘tercer sector’ la acusación (moral; por supuesto nada de todo esto es ilegal) de ganar los concursos a base de hacer ofertas económicas imposibles de igualar por organizaciones pequeñas. Sobre las instituciones como el Ayuntamiento de Burgos cae la acusación (moral, de nuevo) de ceder a la presión de la oferta económica y no tener en cuenta el valor social que tienen las empresas como El Gusto de Servirle, tanto por quiénes trabajan en ella como por la calidez humana que recibe el atendido, incompatible, dicen, con la maximización de beneficios.

“Objetivamente tenemos más méritos que ellos”, dice el responsable burgalés de Cáritas. Por eso han puesto una reclamación ante el Ayuntamiento para que se vuelva a revisar la adjudicación y los criterios de puntuación, y dice que informalmente la excusa que les han dado los funcionarios es que la oferta estaba redactada de manera “demasiado infantil” y que Clece ha presentado mejor su proyecto sobre el papel. De manera formal, el Ayuntamiento se ha limitado a decir que la oferta de Clece era mejor y que respeta la decisión de recurrir la decisión que ha efectuado Cáritas.

“Las grandes empresas están desembarcando en los servicios sociales y van a acabar con nosotros“, afirma Picón. “Por mucho que diga Clece en su oferta que va a contratar a un 11% de empleados con riesgo de exclusión o discapacitados, nunca serán una empresa como la nuestra. Nosotros no hacemos esto para ganar dinero sino por un lado para dar un buen servicio a personas mayores que lo necesitan y por el otro poder garantizar que personas que están fuera de los circuitos laborales puedan comenzar a trabajar para que, dos o tres años después, puedan incorporarse al mercado normal”.

Según Cáritas, “Clece dejará de servir comida caliente todos los días, como hacemos nosotros, para empaquetar la comida cada semana y repartirla congelada cada tres días”. Picón presume además de que “los jefes El Gusto de Servirle son educadores sociales que tienen claro que es mejor perder dinero, como nos ha pasado alguna vez, siempre que se consiga la labor de inserción”. También destaca que además de preparar comida y ropa, los trabajadores de este colectivo también charlan con los ancianos y detectan problemas o necesidades de los que puedan advertir a otras administraciones.

Se calcula que en España hay más de 200 empresas de inserción que generan unos 3000 empleos dirigidos a personas con dificultades de acceso al mercado de trabajo.

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Los primeros 40 de Sol

Primer grupo de personas que se concentró en la Puerta del Sol de Madrid en la madrugada del 15 al 16 de mayo de 2011 (@toofasttofall)

La Puerta del Sol cinco días después, el viernes 20 de mayo, con al menos 28.000 personas (cc J. Albarrán)

A las primeras 40 personas que pasaron la noche en la Puerta del Sol nadie las convocó oficialmente. La historia de su éxito es la de una noche de frustración desahogada, golpes de suerte y un enorme deseo de colaboración que convergieron en un punto, el big bang de lo que hoy conocemos como “movimiento 15M”. El gérmen de lo que hasta los sociólogos más reputados no quieren apresurarse a comprender.

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Vídeo: así se decidió acampar en Sol la noche del 15 de mayo (vídeo: miguelgh)

Yo no iba a ir a la manifestación porque estoy un poco harto de manifestaciones”, nos dice Julio, un nombre ficticio para alguien que aparece en ese vídeo para la historia. Diferentes plataformas habían convocado una protesta en varias ciudades españolas para pedir una “democracia real” y consiguieron congregar a decenas de miles de personas en toda España, superando las espectativas de organizadores y medios de comunicación. Sobre las diez de la noche, las calles del centro de Madrid ya se habían quedado vacías de gritos y pancartas y Julio se quedó, como casi siempre, con ese regusto agridulce que dejan las concentraciones de protesta como actos efímeros e incompletos.

En otro punto de la ciudad, Alba (nombre ficticio también; no quiere perder su trabajo) colaboraba con el grupo de abogados que suele hacer guardia en las manifestaciones por si hubiera algún poblema. Los hubo: 18 personas fueron detenidas tras varias cargas policiales en diferentes puntos de Madrid. “Fuimos a los focos de conflicto y nos reunimos cerca de la plaza de Lavapiés; no se podía hacer gran cosa por los detenidos porque ya era muy tarde”, nos cuenta. “Entonces a mi compañero le llega un SMS de una chica que dice que en Sol hay gente que se va a quedar toda la noche”.

Efectivamente, en Sol, Julio y dos amigos más estaban ya hablando con otros grupos de gente dispersa que charlaban en la plaza, desconcertados tras los disturbios. “¿Y si nos quedamos a dormir? ¿Y si hacemos algo permanente?”, se preguntaron. “Todos se reían al principio pero al rato decían que sí. Así que con esa gente convencida, pues el siguiente grupito tardó menos en aceptar, y así se fueron sumando más personas”.

Uno de los grupos que se sumó fue el de Roberto, que estaba sentado con su pancarta en mitad de la plaza. “Se habían ido los poquitos violentos de siempre y nosotros queríamos seguir manifestándonos”, y aquello les pareció buena idea a pesar de que no sabían a quién se estaban uniendo: “no nos conocíamos”.

Dos carteles cuelgan sobre una cuerda en la Puerta del Sol (Javier Bauluz)

Pasada la medianoche, alguien da el aviso: hay una sentada pacífica en la plaza de Callao, muy cerca de Sol. Deciden ir a ver qué pasa y a comunicarles la iniciativa de quedarse a dormir. En Callao estaba Alberto, que había presenciado allí mismo un enfrentamiento con la policía bastante desagradable. Después de la carga, algunos insistieron en quedarse. “Recuerdo perfectamente la imagen de una chica pelirroja gritando ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad! a los policías que intentaban despejar la calle”. Con otras personas, aquella chica pelirroja se encaró con la policía levantando las manos. “Estas son / nuestras armas”, coreaban. La policía decidió retirarse. “Fue un momento muy emocionante”, recuerda Alberto. Con la cosa más tranquila, el grupo de Callao estuvo de acuerdo con la iniciativa de reagruparse en Sol.

Y mientras tanto, el efecto llamada seguía haciendo su trabajo. “Yo me había vuelto ya para casa, en Leganés, cuando me enteré de que había gente hablando de dormir allí”, explica Nicolás, que después se convirtió en uno de los primeros en difundir información por Twitter de lo que estaba pasando, algo clave para el movimiento 15m. “Lo dudé un poco, pero sabía que si me quedaba en casa me arrepentiría el resto de mi vida. Cogí un saco de dormir, me monté en el coche y me planté en Sol. Cuando llegué supe que no me iba a arrepentir”.

Lo que se encontró Nicolás en Sol al llegar fue un grupo de personas desconocidas discutiendo sobre cómo organizar la noche. Poco antes había llegado Alba, la abogada, con un amigo informático y otro amigo actor. Estaba comenzando la primera asamblea de la Acampada Sol. “No hubo discusiones políticas de lo que queríamos conseguir, sino que hablamos de quién se quedaba, de qué queríamos hacer y de cómo pasábamos la noche”, nos dice otro chico que tampoco quiere decir ningún nombre para evitar protagonismos, digamos que se llama Rubio, al que también avisó un amigo cuando ya estaba en casa.

El primer cubo de basura de las acampadas del 15M (cc Ibai Fernández)

“A mi cuando empezó la primera asamblea me entraron ganas de irme“, dice Moreno (¿adivinan? ficticio), que nos acompaña el sábado 21 en la conversación con Rubio en una Puerta del Sol a rebosar. “Pensé que aquello no tenía sentido, que éramos demasiado diferentes entre nosotros, con gente opinando sin mucho sentido… No había unión, no había quien sacara nada en claro”, reconoce con media sonrisa, mirando a su alrededor y pensando en todo lo que ha vivido después en la comisión de infraestructuras. “La primera noche decidimos ir a pedir 50 mantas, para que sobraran, ¡y mira ahora!”.

Se repartieron las primeras tareas: unos comenzaron a buscar un cubo de basura para mantener la limpieza, otros trajeron cartones de los alrededores para acolchar el suelo, otros cogieron tablas y algunos hierros de obras cercanas. Decidieron colocarse en la farola más cercana al monumento del Oso y el Madroño, frente a la salida de metro, para estar en un sitio iluminado. Alberto se dio cuenta de que en la punta de la farola había una cámara de seguridad apuntándoles. “Tapémosla con spry!”, dijo alguien. “No, no… ¡que se nos vea!”, contestaron.

El antes y el después: la primera autorización policial

Sin la indignación acumulada, sin la voluntad de trabajo y el liderazgo horizontal de aquellas primeras horas, el movimiento 15M no habría existido. Pero hay un momento concreto en el que todo pudo haber acabado antes de empezar: tras la primera asamblea, a las 2.25 de la madrugada, aparecieron dos furgones policiales en la plaza, del que bajaron varios antidisturbios.

Dos chicas se ofrecieron para mediar con la policía; una de ellas era Alba, la abogada. “Las dos somos así rubitas, con cara de buenas, la otra chica es así muy linda… Nos acercamos con nuestra mejor sonrisa”, nos cuenta entre bromas.

“Les dijimos que no queríamos problemas, que nos queríamos simplemente quedar a dormir, que nadie iba a beber, que no se iba a ensuciar nada y que se iba a respetar la normativa”. Una llamada de los agentes a un responsable superior determinó el futuro del 15M: se quedaban. “Solo nos pidieron que devolviéramos el material que habíamos cogido de la obra para que nadie nos pudiera acusar de robo”. Alba y su compañera volvieron al grupo haciendo discretos gestos de euforia de espalda a los policías.

En esta grabación de acoustic_mirror se puede escuchar toda la secuencia completa: la llegada de la policía, los momentos de inquietud y el papel de las mediadoras, además de cómo se organizan las primeras comisiones y el primer manifiesto.

Clip de audio: Es necesario tener Adobe Flash Player (versión 9 o superior) para reproducir este clip de audio. Descargue la versión más reciente aquí. También necesita tener activado Javascript en su navegador.


Hoy, muchos testigos reconocen la importancia de ese momento: “¡Si hubieran sabido la que se iba a montar, nos habrían desalojado inmediatamente! ¡Ese policía tiene que estar hoy tirándose de los pelos!”, nos dicen. Moreno, sin embargo, prefiere exponerlo de otra manera: “el mérito no es del policía, el mérito está en nuestra actitud pacífica y honesta”.

Con la tranquilidad de que no iban a ser desalojados, comenzó la modesta operación logística: mapa de baños con ayuda de los comerciantes de la zona, rotuladores, cartulinas (“¡y hoy tenemos equipos de sonido, placas solares y generadores eléctricos!”, exclama Moreno), visita a los bomberos, que también tenían su propia acampada ese día en otro punto de la ciudad. Y sobre todo una prioridad: comunicación.

“Desde antes de salir de mi casa yo ya estaba twitteando“, nos dice Nicolás, “y cuando llegué aquí, empecé a sacar las primeras fotos y subirlas a Internet”. A las 7 de la mañana, “antes de que amaneciera”, aparecieron los medios de comunicación. Fueron horas complicadas para ellos porque “había más periodistas que acampados” dado que mucha gente se había ido a primera hora para trabajar y no llegaba casi nadie nuevo. Pero paralelamente las redes sociales en España se convertían prácticamente en canal temático y la generosidad empezaba a superar cualquier previsión: el lunes a mediodía alguien les llevó para comer arroz con carabineros. Aquella tarde, unas mil personas participaron en la asamblea.

La segunda noche, tras la primera asamblea multitudinaria de 1.000 pesonas, unas 300 se quedaron a dormir y trabajar durante la madrugada (Ibai Fernández)

¿Qué ocurrió después para que de mil personas el lunes se pasaran a más de diez mil el martes, y de ahí a 28.000 el viernes según cifras oficiales? Los dos ‘saltos de calidad’ del apoyo popular al 15M se producen como reacción al intento de desmantelarlo. A las 5 de la madrugada del lunes al martes, con más de 300 personas durmiendo junto al Oso y el madroño, la policía intentó levantar la incipiente acampada y desalojar a los presentes. Las fotos y este vídeo, registrados esa noche y publicados inmediatamente después en periodismohumano, definen ese momento:

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“Creo que fui el primero en ponerlo en twitter: nos han desalojado; pero hoy a las 20h nos vemos aquí”, recuerda Nicolás. “Me fui a dormir a casa, y cuando desperté tenia mails, sms, llamadas de amigos, que me dijeron que les habia llegado la convocatoria. Es impresionante lo que se expande el tema en lo que uno está durmiendo”. La Junta Electoral de Madrid consideró después ilegal su concentración “por afectar a la campaña electoral y a la libertad de los ciudadanos en derecho del voto”. Ese fue el segundo y definitivo espaldarazo que culminó con el desafío de la “jornada de reflexión colectiva” del 21 de mayo, aunque eso ya se ha contado suficientemente. En definitiva, “que cuanto más nos aprietan, más gente sale a la calle, porque todas estamos jodidas“, dice Moreno usando el “lenguaje inclusivo” al que también intentan adaptarse en las asambleas.

Liderazgos, siglas y paternidades

“Allí había gente con experiencia asamblearía, gente que sabe cómo canalizar ideas para que no se vayan por el desagüe”, nos dice Alberto en referencia a las primeras horas de acampada. El chico que agarra el megáfono en el vídeo que abre este reportaje, Miguel, no es nuevo en manifestaciones o movilizaciones sociales, pero insiste en que no actúa en nombre de nadie, como la mayoría de quienes le rodean. Él fue el primer portavoz de la acampada, con el que también hablamos en la mañana del día 16 en este vídeo.

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Miguel no quiere más protagonismo – su turno como portavoz pasó y se integró en la comisión encargada de asuntos legales – ni arrogarse ninguna autoridad sobre el 15M, como el resto de las personas con las que hablamos.

La genealogía del 15M es compleja y hasta incompatible a veces con la ansiedad periodística de saber quién está detrás de las cosas. “Yo creo que se ha dado una unión de movimientos”, nos dice Julián. “Por un lado, la indignación por los papeles de las embajadas estadounidenses filtrados por Wikileaks generó acciones como las de Anonymous“, una red de ciberactivistas que coordinó ataques informáticos a determinadas páginas como protesta por el acoso a su director, Julian Assange. “Pero se convocó una manifestacón y no fueron ni 300 personas“.

Anonymous también se sumó al ‘abucheo’ masivo en Internet contra la llamada Ley Sinde, cuya aprobación originó la creación de la corriente #nolesvotes, en principio contra los partidos que aprobaron la norma pero que luego se recondujo como un movimiento más amplio contra el bipartidismo que cuenta con apoyos de importantes líderes de opinión en Internet. Las revoluciones en el Norte de África y en Oriente Medio son otro referente evidente, “aunque eso a nosotros nos parecía que no podría pasar nunca aquí, en Europa”, y de hecho también se trató en su día de hacer actos de apoyo que quedaron en poca cosa.

Otro momento de la primera asamblea del 15M

La otra pata nos la explica Alba: “Democracia real ya, Juventud sin futuro, la Plataforma por una Vivienda digna que a su vez bebe del movimiento estudiantil contra la Ley de Bolonia o los centros sociales ocupados han sacado a la calle a mucha gente durante los últimos años, se han tejido muchas redes” que ahora ponen al servicio de la energía del 15m.

Eso sí, todos coinciden – y hasta la megafonía lo ha dicho en más de una ocasión – en que “no somos ningún colectivo previo y no nos gusta que nos vinculen con nada que ya existiera”, nos dice Nicolás “porque esto es infinitamente más grande que eso”. Los principales representantes de la plataforma Democracia real ya, que sí lideraron la manifestación previa, no estuvieron en la primera noche de acampada, “aunque sin duda la acampada no habría sido posible sin ese primer impulso”, nos dicen.

Cuando los megáfonos desaparecieron del centro de la Puerta del Sol y dejaron sitio a los altavoces de gran potencia, el encargado de trasladar la información útil y las arengas al resto de la plaza dijo: “‘¡Pensadlo durante un momento! ¡Pensad en lo que estamos haciendo! Pensad que hoy somos decenas de miles de personas y hace unos días eran solo cuarenta. ¡Cuarenta personas! ¡Una de esas personas podría haber sido yo, o tú! ¡Solo hacía falta dormir una noche en Sol para desencadenar todo esto!”.

Manos arriba en forma de aplauso en la Puerta del Sol (cc Julio Albarrán)

Le contamos esas palabras a Julio y Alba, y se emocionan. “Lo único que hemos hecho es un gesto, un salto para romper ese bloqueo mental que teníamos”, dice Julio. “Estábamos todos esperando a que pasara algo y fue tan sencillo como mirarnos a los ojos”. Julio tiene claro que “continuamente la gente tiene ideas brillantes, buenísimas, revolucionarias, y simplemente no somos capaces de retenerlas durante el tiempo necesario para darnos cuenta de que sí son realizables. Las dejamos pasar”.

El sentimiento de paternidad es muy poco horizontal pero absolutamente humano. “A mí no me gusta tener esta sensación, pero te reconozco que veo todo esto como a un hijo”, nos confiesa Moreno, “que crece incontrolable pero que sé que tiene una buena educación”. Roberto posa su mirada en toda la masa que pasa por delante de su cuerpo veinteañero: “yo ya me puedo morir”, exclama sonriente. “Durante mi vida, muchas veces, he llegado a considerarme un sociópata. Me quedaba encerrado en casa, sin querer saber nada de nadie. Esto me reconcilia con el mundo”.

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Un estudio vincula a 14 bancos españoles con fabricantes de armas prohibidas

Parte de una bomba de racimo encontrada en abril de 2011 en Camboya (Stéphane De Greef / Landmine and Cluster Munition Monitor)

Al menos 14 entidades bancarias españolas, entre las que se encuentran BBVA, el Banco Santander o las cajas unidas en la nueva Bankia, han aprobado desde enero de 2006 operaciones financieras con 19 de las principales empresas fabricantes de “armas controvertidas”, como bombas de racimo, minas antipersonas y armas biológicas, químicas y, sobre todo, nucleares, según un estudio realizado por el centro de investigación internacional Profundo para la organización Setem.

Tras el cruce de datos entre todas las entidades financieras que operan en España y 30 de las compañías que fabrican armas, Setem acusa a ocho de ellas, por ejemplo, de estar directamente vinculadas con la fabricación de las bombas de racimo de orígen español que ha utilizado el Ejército de Muamar El Gadafi en Libia, como desveló hace unas semanas el New York Times. La compañía española Instalaza, responsable de la fabricación de estos artefactos, reicibió financiación en los últimos años de Cajalón (grupo Caja Rural), Caja España, Caja Mediterráneo, Bankinter, Ibercaja, Banco Popular, Banco Sabadell y La Caixa, según el informe.

En otros casos la relación directa no se dibuja tan claramente. Entre las empresas incluidas en el catálogo de ”productores de armas controvertidas” hay nombres como los de las aeronáuticas EADS-CASA o Boeing, cuya actividad económica es mucho más amplia que la de proveedores de ese tipo de material de Defensa.

Setem y Profundo han considerado que debería ser descartada como cliente cualquier empresa “en la que una parte de su volumen total de negocio, por pequeño que sea, procede de las armas controvertidas, independientemente de las demás actividades de la empresa” ya que “un 1% puede representar una suma considerable de dinero y desembocar en gran cantidad de armas”. Se han utilizado criterios externos, del Gobierno de Finlandia y de organizaciones holandesas, para acotar la lista (bancalimpia.com para más detalles).

Rafeullah tenía 11 años cuando él y su hermano encontraron una bomba que confundieron con un juguete (Alison Locke)

El estudio no está en disposición de demostrar que los bancos hayan dado préstamos a operaciones específicamente vinculadas con la fabricación de estas armas, pero sí que han ayudado a estas empresas a través de créditos y en la emisión de bonos y acciones. Se incluye en el listado de armas no deseables las nucleares, cosa que amplía la lista de empresas considerablemente, sobre todo con aquellas que trabajan para los países a los que el Tratado de No Proliferación Nuclear les otorga ‘permiso’ para ser “estados nuclearmente armados”, que son Estados Unidos, Francia, Rusia, Reino Unido y China.

Se trata por tanto, de poner en cuestión que las entidades bancarias, directa o indirectamente, colaboran con la vida económica de compañías que se lucran con la venta del armamento más polémico del mundo, regulado e incluso prohibido en tratados internacionales, como se describe en el cuadro del final de este texto.

Según el estudio:

  • El BBVA es el banco español que mantiene una mayor actividad de financiación de productores de armas controvertidas. Los fondos de inversión gestionados por BBVA poseen acciones de 12 compañías y bonos de dos compañías. BBVA ha concedido préstamos a ocho compañías desde principios de 2006 y ha ayudado a tres compañías en la emisión de bonos. Asimismo, ha ayudado a una empresa en la emisión de acciones.

Por ser más concretos: el BBVA ha concedido préstamos a BAE Systems, productor de armas nucleares y de armas de uranio empobrecido, según el estudio. La misma situación se repite, por ejemplo, con otra empresa estadounidense, General Dynamics. La entidad, que hace unas semanas ratificaba su compromiso por ser responsable en sus inversiones, es la única en España que tiene como cliente a Textron, fabricantes de bombas de racimo y minas antipersona.

  • Los fondos de inversión del Santander poseen acciones de 13 de las compañías analizadas. Santander ha concedido préstamos a siete de ellas y ha ayudado a tres en la emisión de bonos. Entre ellas está Lockheed Martin, productora de bombas de racimo y material para armamento nuclear.
  • Bankia (Banco Financiero y de Ahorros formado por Caja Madrid, Bancaja, Caja Segovia, Caja Avila, Caja Rioja, Caixa Laietana y Caja Insular de Canarias) es el tercer banco más importante ya que sus fondos de inversión poseen acciones de ocho productores diferentes de armas controvertidas. Ha concedido un préstamo a un productor de armas controvertidas, concretamene a Larsen & Toubro.
  • Banco Sabadell es el siguiente en este peculiar ranking, con acciones en siete productoras de armas.

Del resto de bancos españoles analizados:

  • Los bancos cuyos fondos de inversión poseen acciones en productores de armas controvertidas son:
    • Banco Madrid
    • Banca March
    • Banco Popular
    • Bankinter
    • CatalunyaCaixa
    • Finanduero
    • Ibercaja
    • Mapfre
  • Los bancos cuyos fondos de inversión poseen bonos de productores de armas controvertidas son:
    • Banca March
    • Banco Pastor
    • Bankinter
    • BBK
  • Las 4 empresas productoras de armas controvertidas en las que principalmente participan los bancos españoles son:
    • BAE Systems
    • Boeing
    • EADS
    • Thales

Se pueden consultar más datos y la tabla completa de bancos y compañías en este documento (pdf).

Controvertidas, prohibidas, indeseables

Minas antipersona: Pese a estar prohibidas por el Tratado de Prohibición de Minas (TPM) desde 1997, en 2007 aún las utilizan Rusia y Birmania. Aunque su uso ha descendido, se siguen usando por grupos armados ajenos a los estados o no oficiales.

Bombas racimo: La Convención sobre Municiones de Racimo entró en vigor el 1 de agosto de 2010 y ha sido firmada por 104 países y 30 de ellos la han ratificado. Es probable, según Setem, que de los 20 estados que no firmaron la Convención, 17 sigan fabricando este tipo de munición en la actualidad. España dejó de autorizar su exportación en 2008.

Armas nucleares: El Tratado de No Proliferación de las armas nucleares (TNP) entró en vigor en el año 1970; en enero del 2000, 187 países lo habían asumido, incluidos los cinco estados que cuentan en su poder con armas nucleares. El NPT es el acuerdo de limitación de armas y desarme que ha sido ratificado por un mayor número de países.

Armas biológicas: En 1972, 103 países firmaron la Convención sobre Armas Biológicas. Esta convención prohibe el desarrollo y uso de armas biológicas y químicas.

Armas químicas: La Convención sobre Armas Químicas, que entró en vigor en 1997 y exige para 2012 la destrucción de todas las armas químicas.

Uranio empobrecido: En diciembre de 2010, 148 estados ratificaron una Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que insta a los estados usuarios de armas de uranio empobrecido a que desvelaran dónde se habían disparado esas armas cuando los países afectados se lo pidieran.

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Disfraces aparte, optimismo sobre el "impuesto global" a los bancos

Robin Hood de los bosques financieros, ayer en Sevilla. Lo que tienen que hacer las ONG para llamar la atención de los medios. (J.L.S.)

Ni para defender la subida de la tarifa de electricidad, ni para la del IVA; ni para reclamar la reforma de las pensiones ni para presionar por la “flexibilización” del mercado de trabajo. No se ha visto a ningún economista disfrazado por la calle para convencer a los ciudadanos de que sus posturas tenían que ser tomadas en cuenta o para conseguir que los medios de comunicación llenen páginas con sus tesis.

Y, sin embargo, aquellos que apuestan por modelos económicos de más control público sobre LosMercados™ suelen tener que recurrir a estrategias de marketing de todo tipo para llamar mínimamente la atención.

Esta es la enésima vez, aunque dicen que ahora es diferente. En 17 ciudades de España, entre otros 20 países, se han podido ver este jueves a decenas de Robin Hoods; personajillos de verde inspirados en aquel barón inglés que, según la leyenda, le quitaba a los ricos para dárselo a los pobres.

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Hablamos con Valentín Vilanova, de la Campaña por la Tasa Robin Hood

Valga la metáfora para que organizaciones como Médicos del Mundo, el Observatorio de RSC, Inspiraction, Intermon Oxfam, Ayuda en Acción o Save the Children reclamen la puesta en marcha de algo que se parezca a la Tasa Tobin, un impuesto sobre ciertas operaciones económicas internacionales, esas transacciones rápidas que se hacen y deshacen en apenas minutos y que, tachán, generan beneficio inmediato; esos movimientos rápidos de capital que ahora todo el mundo está de acuerdo en llamar “especulativos”.

Nadie vio venir la crisis, dice el mantra, y sin embargo en 1997 se creó ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones por la Ayuda a los Ciudadanos) con el primer propósito de promocionar la gravación de los flujos de capitales y evitar una burbuja como la que hemos visto después. El objetivo, según dijo en su momento el Nobel de Economía James Tobin, es “echar arena al aceitado mecanismo de las especulaciones que hacen viaje de ida y vuelta en días o pocas semanas“.

El ex presidente y coordinador del Comité Científico de ATTAC, Ricardo Gª Zaldívar, nos cuenta que estamos más cerca que nunca de que el “impuesto global” sea una realidad. “Hemos llegado a un momento de madurez social”, dice, equiparable a cuando se asumió la necesidad del IRPF o el IVA; “poca gente discute ahora que quienes más tienen deben dar parte del dinero que han ganado a un interés colectivo”. Es el momento, según su jucio, de “que los que toman decisiones financieras sin control político, también entren en la lógica de lo público”.

El presidente francés Nicolas Sarkozy se ha manifestado varias veces en favor de esta medida y ha encontrado apoyos intermitentes en el Gobierno de España, Alemania, Brasil, y en voces autorizadas como las de Paul Krugman o George Soros; el papel de Sarkozy como anfitrión del G20 en 2011 se ve como una posible lanzadera para la reforma.

Sarkozy no es el último recién llegado a la defensa de una tasa financiera global. El Consejo Económico y Social Europeo acaba de dar su impulso a la puesta en marcha de un “impuesto sobre las transacciones financieras” con un dictamen publicado el 11 de febrero (pdf).

Este órgano consultivo de la Unión Europea calcula que si se aplicara en toda Europa, “los ingresos tributarios rondarían el 1,5 % del PIB y su mayor parte procedería del mercado financiero británico. Si se aplica en todo el mundo, el ITF aportará unos ingresos fiscales en torno al 1,2 % del PIB mundial”.

Según otro informe de la Comisión Europea del verano de 2010, si se aplicara esta tasa a las transacciones financieras con bonos y acciones en la bolsa española, la recaudación sería de unos 4.566 millones de euros: 1.311 millones provenientes del mercado de acciones y 3.255, del de bonos.

¿Es ahora el momento? ¿Procede apretarle las tuercas al sector financiero con la que está cayendo? Dice el Consejo que el negocio de los derivados financieros “comenzó a incrementarse nuevamente en la primera mitad de 2009. No parece, pues, que hayan cambiado mucho las cosas en el comportamiento del sector financiero”.

Lo que sí divide a las organizaciones que defienden el impuesto de transacciones financieras es el ‘y después qué’. ¿Quién va a gestionar ese dinero recaudado? ¿Naciones Unidas? ¿De cuánto debe ser la tasa para no causar demasiados efectos colaterales: del 0,1%, del 0,05%? ¿Cómo se reparte lo ingresado? Las versiones más optimistas hablan de 300.000 millones de euros anuales para luchar contra la pobreza. “Todas esas preguntas hay que dejarlas para después; son discusiones posteriores. Ahora hay que centrarse en lo que estamos de acuerdo: el impuesto es necesario”, nos dice Gª Zaldívar.

Imagen de previsualización de YouTube La Tasa Robin Hood explicada de manera simple. De la campaña de esta iniciativa en Canadá

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Sombras en la casa de chocolate

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“Estos blancos… Siempre créeis que nos podéis hablar como si fuéramos niños, como si fuéramos tontos, con esa condescendencia. Como si pudiéramos confiar en vosotros así sin más, a cambio de nada”, nos dice Charli Tido cuando le tratamos de convencer de que este reportaje servirá para que mucha gente quizá cambie algo su forma de ver la inmigración. Ya no cree en todo eso como hace un año, pero es él el que nos ha llamado.

Sus prioridades han cambiado desde la última vez que nos vimos, en Marruecos. Las páginas interiores de los periódicos españoles hablaban entonces de nuevos “asaltos” a la valla de Melilla, “seis o siete en dos semanas”, en los que grupos de 150 o 200 inmigrantes subsaharianos provistos “de palos, piedras y ladrillos” intentaban evitar la carga del Ejército de Marruecos, en primera línea, y de la policía española después. La Delegación del Gobierno en Melilla había establecido el “máximo nivel de alerta”en la frontera.

Comprobar la versión de las notas de prensa te lleva en estos casos por tortuosos caminos de tierra por los montes de Marruecos que salpican los alrededores de Melilla. En los menos de 150 kilómetros que separan las ciudades de Nador y Oujda viven unos 1.500 inmigrantes escondidos entre los árboles de secano y las humedades de las colinas más altas. Y, sin embargo, es casi imposible encontrarse con uno por las calles de los pueblos o las ciudades, donde no son bienvenidos.

El taxista, que no pone problemas para entrar en un poblado marroquí de chabolas, no quiere seguir avanzando por la pista de arena ni un kilómetro más en cuanto intuye que la zona es escondite de inmigrantes. Detiene el coche mucho antes de donde le indicamos en cuanto aparecen las figuras de tres jóvenes negros; “hasta aquí hemos llegado, yo me voy”, dice. No aparenta tener miedo de aquellos hombres sino la angustia de estar haciendo algo que no está permitido.

En esa curva del camino de tierra a las afueras de las afueras, más allá de las chabolas marroquíes, entre la ladera y el riachuelo conocimos a Charli Tido. No se presentó ni quiso ser visto como una víctima sino como un actor político y social. Evitaba las preguntas personales y las transformaba todas en mensajes ambiciosos dirigidos a las autoridades europeas y africanas; negaba cualquier violencia contra la frontera, denunciaba brutalidad policial y pedía ayuda no para sí sino para la asociación clandestina que estaba intentando afianzar, Coup de Coeur, que asiste al goteo incesante de inmigrantes que seguían llegando a los montes después de años caminando desde Mauritania, Senegal, Camerún, Mali, Guinea…

Y aunque quiso que nos sentáramos sobre dos tuberías de cemento abandonadas en el campo para poder hablar con tranquilidad, no pudo hacerlo por mucho tiempo porque la presencia de caras europeas y cámaras de vídeo llamó la atención de varios de sus compañeros de “gueto”, nada de acuerdo con la visita. Charli se jugó algo más que una simple discusión al aceptar primero y defender luego lo veníamos a hacer. “Si hablamos con vosotros, luego viene la policía marroquí a darnos de golpes”, nos espetaron muchos. Y sucedió con nosotros todavía allí.

Tres camionetas de policía tomaron desde tres puntos diferentes la colina y la orilla del río donde acampaban los inmigrantes. Durante aproximadamente media hora, los agentes marroquíes persiguieron inmigrantes con un celo titánico por pendientes inclinadas, entre el barro de la orilla, apostados tras los arbustos más grandes. “Ahora mismo estarán destrozando nuestro campamento y tendremos que buscarnos otro sitio”, nos dice uno que había conseguido esconderse entre las chabolas, donde la población marroquí asiste al espectáculo como la gran atracción de la tarde. Los niños jalean a los policías y corretean cerca de la escena.

Anochece, fin de turno y los gendarmes se llevan en sus ‘lecheras’ un buen cargamento de inmigrantes que tras pasar por comisaría, según el procedimiento habitual, probablemente sean abandonados en la frontera con Argelia, heridos y agotados, desde donde tendrán que andar durante al menos una semana para recuperar el terreno perdido. Y vuelta a empezar.

Un año después suena el teléfono. “Hola, soy Charli. Estoy en Madrid”.

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¿Merece la pena el riesgo?

¿Cómo se lucha contra una capa de crudo de 19km cuadrados? Atravesándola con barcos para que se "rompa" y se vaya disolviendo. Es lo que está haciendo este barco de Salvamento Marítimo.

Un fallo humano en el proceso de transporte y bombeo de crudo en una plataforma petrolífera de Repsol frente a la costa de Tarragona ha provocado un vertido que ha llegado a extenderse, aunque no con densidad, a lo largo de de 1.900 hectáreas, a unas 13 millas del Delta del Ebro. Según la compañía se trata de “un episodio puntual”, no hay riesgo de fuga continuada, el viento traslada el problema mar adentro y ahora lo que toca es “trocear el vertido y facilitar su evaporación”.

Se trata de la plataforma Casablanca, la única de extracción petrolífera que existe en aguas españolas, y a cuyo complejo de tres pozos Repsol quiere añadir dos más que esperan tener operativos para 2014, para lo que necesita una aprobación del impacto ambiental del Ministerio de Medio Ambiente.

Precisamente en los trabajos de búsquedas de esos nuevos pozos, en 2008, se produjeron dos grandes manchas por las que un técnico de Repsol y otro de una empresa externa, además de la subcontrata de Repsol para las perforaciones están imputados por un posible delito ecológico.

“Los seres humanos cometemos errores, es inevitable”, dice sin miedo a equivocarse Luis González Reyes, de Ecologistas en Acción. “Las personas cometemos errores y los vamos a seguir cometiendo, por eso hay que apostar por energías donde los errores no se paguen tan caro”.

La plataforma Casablanca de Repsol, a 13 millas del Parque Natural del Delta del Ebro

Es un debate sobre el modelo energético, más allá de quién tiene la culpa de aquel o este vertido, de cuántos campos de fútbol imaginarios ocupa la mancha, de quién se persona en la playa para comprobar los efectos del derrame.

“Este tipo de incidentes pone de manifiesto otras consecuencias de las energías fósiles como el petróleo, que van más allá del efecto global del cambio climático. Su proceso de extracción y procesamiento encarna demasiado riesgo“, según González Reyes, que defiende “tecnologías más blandas para que los errores que se comentan no tengan consecuencias tan catastróficas. Si un molino eólico se cae, puede haber mala suerte y que le caiga encima a alguien”, bromea, “pero obviamente no tendrá los mismos efectos que los derrames periódicos que sufren los buques cisternas del Campo de Gibraltar“.

En declaraciones a Periodismo Humano, un portavoz de Repsol contraargumenta: “todas las actividades industriales tienen un riesgo; meterse en coche por una autopista también es un riesgo, puede incluso que desproporcionado, y lo hacemos. Lo que importa es que se cuente con la tecnología más avanzada, con buenos profesionales, con personal formado para poder minimizar ese riesgo; y si sucede algo, como es el caso, contenerlo dentro de lo razonable”.

Por otro lado, estas mismas fuentes de Repsol dan mucha importancia a la fase del proceso donde ha tenido lugar el accidente: “no ha sido un error al extraer o procesar el petróleo; ha sido un error a la hora de transportarlo”. Por tanto, según la compañía, no es un incidente que deba restar credibilidad al proceso tecnológico de extracción sino que queda limitado a algo tan poco específico del sector como es el transporte.

Sara Pizzinato, experta en energías de Greenpeace, tiene claro que el riesgo que comportan las energías fósiles “no merece la pena” porque “los daños ambientales y sobre la economía local en casos de un derrame como este pueden ser devastadores”. Según su organización, si el límite de consumo de los coches fuera de 80 gramos de Co2 por kilómetro, “España puede cerrar todos los pozos de petróleo que tiene porque no los necesitaría”. Actualmente, la Unión Europea estudia un límite de 95 gramos para 2025, pasando por una fase intermedia en 2015 de 150 gramos.

¿Y esto quién lo limpia?

“¿Quién va a pagar las labores de limpieza de este vertido?”, se pregunta Sara Pizzinato, “porque no hay una regulación europea que determine que la compañía culpable tenga que correr con todos los gastos”, aunque se está intentando establecer un fondo mínimo.

Desde Repsol, nos confirman que de todo el dispositivo montado para limpiar y mantener el control del vertido frente a Tarrafona, la compañía ha puestos “medios materiales y 3 de los 7 barcos que están operando en la zona”. La coordinación operativa y el resto del dispositivo, que incluye un helicóptero, corresponde a Salvamento Marítimo, financiado con fondos públicos.

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