“¿Y por qué no los metes en tu casa?”

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No falla. Cada vez que señalas, describes o denuncias la violación de derechos humanos y el incumplimiento de la Ley española de Extranjería en las fronteras de Ceuta y Melilla se activa un resorte, un argumento casi automático en decenas de personas. ¿Y por qué no los metes en tu casa?, espetan. A que no, ¿eh?, rematan como triunfales, como diciendo ‘te he pillado’.

Un ejemplo, de ayer mismo. Difundo en Twitter una foto de la agencia EFE, la que abre este post. La imagen demuestra, una vez más, la devolución de personas que acaban de saltar la valla de Melilla por una puerta hacia el otro lado, a Marruecos, que hay que recordar que no es el país de estas personas. Por esa razón, entre otras cuantas, estas “devoluciones en caliente” son ilegales. No según la ONU o alguna ONG, no. Es ilegal según la ley española en vigor, como hemos explicado ya mil veces. Tan clara está ya la ilegalidad de estas deportaciones inmediatas que el Gobierno anunció después de las muertes de Ceuta que iba a cambiar la ley para poder hacerlo sin que se les acusara de nada. Es otra forma de admitir que lo que venían haciendo no se podía hacer.

Pues allá va el tuit y ahí van algunas de las respuestas:

No es cosa de ayer. Pasa cada vez que el tema ocupa minutos de televisión o alguna portada alarmante, pasa cuando el mensaje de denuncia traspasa tus zonas de comodidad orgánicas en Internet, que en mi caso afortunadamente tienen que ver con la defensa de los derechos humanos como premisa no como residuo. Cuando el tuit salta esa valla, la corriente devuelve este mensaje.

No se trata de desacreditar personalmente a las personas que reaccionan así. De hecho, la frase es clavada a la que usa tradicionalmente la ultraderecha, también en Francia. “¿Ha acogido usted inmigrantes en casa?”, le dijo textualmente Marine LePen a la periodista Ana Pastor en una entrevista. Muchas de las personas que saltan como pellizcadas son víctimas de esa estrategia de comunicación simplona y populista muy bien diseñada para ganar votos. Reproducen un meme político, una frase con gancho, que te deja satisfecho. Ah, pobres ingenuos; que los metan en su casa.

El argumento, por supuesto, no tiene sentido. Nunca le diríamos a alguien que defienda la asistencia a personas sin hogar que viven en la calle ¿y por qué no los metes en tu casa? Nunca le diríamos a alguien que está en contra del desahucio de una persona que no puede pagar su casa ¿y por qué no lo metes en tu casa? Nunca le diríamos a alguien que defiende la asistencia sanitaria para los pobres ¿y por qué no los curas tú, en tu casa? Porque la respuesta es social, no individual. Y porque, como me dice Carlos Delclós en Facebook, estas personas no quieren vivir en mi casa, quiere pagar el alquiler construyendo la tuya.

Las fronteras existen y tiene pinta de que van a seguir existiendo, sobre todo si cada vez creamos más. Sobre esa realidad habrá que ver cómo gestionamos otra realidad indiscutible: la gente se mueve y no es por capricho. Tenga uno una idea más o menos restrictiva de cómo manejar eso, una respuesta construida solo con porras, escudos, concertinas, alarma y desprecio impune por las leyes es una mala respuesta. Si la solución es esa, no es una solución.

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Nosotros, Europa; nosotros, los medios. Y ellos.

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“Estamos aquí para deconstruir la idea de Europa, para reconsiderar la imagen que tenemos de las migraciones a través de los medios de comunicación”. Lo dice Rubén Díaz esta mañana de primavera sevillana y lo escuchamos los más de 40 expertos, periodistas y activistas que han venido desde diferentes países para participar en el 16 Festival Zemos98, que este año está dedicado Europa y sus fronteras mediáticas, culturales y geográficas.

Nos encerraremos cada mañana para pensar cómo estamos construyendo, desde los medios, una sociedad en tensión contra el invasor.

En eldiario.es y Desalambre estamos haciendo una cobertura especial de este encuentro, una oportunidad única de deshacerse de los formatos reincidentes y vacíos de encarar el asunto, incluso cuando se intenta hacer con buena voluntad. Ahora tan de actualidad tras las muertes en Ceuta y Melilla, que por otra parte llevan sucediéndose más de una década, conviene revisarse.

“No es que no haya un debate sobre fronteras, es que el debate debe afrontarse desde otros puntos de vista”, está diciendo Rubén Díaz mientras se escriben estas líneas.

Dentro del programa del festival se presenta un libro, ‘Remixing Europe’, editado por la European Culture Fundation, que analiza la forma en que los medios hablamos de los migrantes. Participo con uno de los capítulos, hablando de cómo hubo un tiempo en que la comunidad ecuatoriana en Madrid nos avisó de un problema, los desahucios, que luego afectarían a los demás. Fue entonces cuando se convirtió en una preocupación social, sin nacionalidades.

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Cómo convertir en el enemigo a personas que están a más de 2.000 km de tu frontera

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Paso 1.

Interior deja caer en portada de El País que 30.000 subsaharianos están “preparados para dar el salto” a Ceuta y Melilla. La cifra es la misma que se dio en 2005 tras la muerte de 5 personas en la frontera de Marruecos con España, pero qué más da. La cifra no concuerda con los informes de las organizaciones sociales (que no tienen ningún ánimo de reducir el problema sino, al revés, de destacar su enorme dimensión humanitaria), pero qué más da. Hasta Acnur da por hecho que esos 30.000, en todo caso, se refieren a los inmigrantes irregulares en todo Marruecos, que viven e intentan trabajar allí pero que no necesariamente intentarán venir a España. Es como si en Francia las portadas hablaran de 250.000 subsaharianos (que son los que viven en nuestro país) que intentan entrar por los Pirineos.

Paso 2.

Como la alarma no es suficiente, el propio ministro quiere dar una cifra aún más alta y se saca de la manguilla que no, que no son 30.000 los que están a puntito de invadirnos, que son 80.000, sumando los que están entre Marruecos y Mauritania.

Mauritania es un país que está al sur de Marruecos y del Sahara, que ya de por sí son “alargados”. Todo el norte del país es un desierto. Su ciudad más cercana a España está a más de 2.000 kilómetros en línea recta, que no es precisamente la que recorren durante años los inmigrantes que buscan acercarse a España. La capital, Nuakchot, está a 2.900 kilómetros.

Paso 3.

La Razón hace una portada donde dice que hay un guardia civil por cada 64 inmigrantes, dando la sensación de confrontación directa, casi bélica, inminente en la frontera. ¿Con qué cifra hace la cuenta? Pues con los 80.000 que hay entre Marruecos y Mauritania.

Portada de La Razón, 5 de marzo de 2014. Winter is coming.

Portada de La Razón, 5 de marzo de 2014. Winter is coming.

La mayoría de esos supuestos 80.000 están a más de 2.000 kilómetros de distancia. Pero el Gobierno, con ayuda, ha decidido que son El Enemigo.

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De fundar Reporteros Sin Fronteras a candidato del Frente Nacional de Le Pen

O de cómo pasar de juzgar la libertad de expresión en el mundo a decir “el mayor peligro para la libertad de expresión son los periodistas”
Robert Ménard, fundador de Reporteros Sin Fronteras y candidato del Frente Nacional, posando para Le Monde

Robert Ménard, fundador de Reporteros Sin Fronteras y candidato del Frente Nacional, posando para Le Monde

Robert Ménard fundó Reporteros Sin Fronteras en 1985 y fue su secretario general hasta 2008. Hoy es candidato del ultraderechista Frente Nacional a la alcaldía de una ciudad de 70.000 habitantes en el sudeste de Francia, cerca de Marsella, una de las regiones donde desde hace más tiempo se ha cultivado la fuerza de la formación que ahora dirige Marine Le Pen.

Ménard debe sentir la furia del converso: el periodista es lo que muchos compatriotas suyos llamarían un pies-negros, nacido en Orán en los tiempos de la Argelia francesa. Su familia, instalada desde 1850 en el Magreb, se trasladó al barrio más pobre de Béziers, ciudad de la que ahora quiere ser alcalde, cuando él tenía 9 años. Durante su juventud participó en manifestaciones contra reformas educativas, militó en la Liga Comunista Revolucionaria y se movía en entornos anarquistas y trotskistas. En sus publicaciones hace sus primeros artículos. Luego forma parte del movimiento que ve nacer las radios libres en Francia: con 25 años funda Radio Pomarèdes y se convierte en presidente de la Asociación para la Libertad de las Ondas. Luego comenzaría su carrera profesional en la radio y, más tarde, el nacimiento de Reporteros Sin Fronteras.

A pesar de lo que a muchos pueda sugerir su nombre, Reporteros Sin Fronteras no se ha dedicado – ay, si lo hubiera hecho – a captar fondos para pagar a periodistas que hicieran el trabajo que los medios públicos y privados en el mundo no quieren o no pueden hacer. No es un Médicos sin Fronteras del periodismo porque no manda a periodistas a los lugares donde se les necesita. Su labor, más bien, ha sido la de hacer informes periódicos para señalar casos de censura o de represión de la libertad de expresión en todo el mundo. Una especie de juez moral de la libertad de expresión que, como sucede siempre, a menudo ha sido criticado. También ha dotado de medios legales o de denuncia a periodistas perseguidos o censurados.

¡Viva Le Pen!

Hoy la moral de Ménard es incómoda para los medios en los que ha trabajado e incómoda para aquellos que han tenido su juicio como ecuánime y con enfoque de derechos humanos. Hoy Robert Ménard se define a sí mismo como “un reaccionario”. Se ha posicionado radicalmente en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo que, en medio de una enorme convulsión social, se ha aprobado este año en Francia. Defiende la pena de muerte. Ha publicado un libro titulado “Viva Le Pen!” y ha coronado su carrera diciendo “El mayor peligro para la libertad de expresión son los periodistas”.

Ménard entra en política y escoge sumar su proyecto independiente (eso dice) al ultraderechista, racista, xenófobo y populista Frente Nacional para optar a ser alcalde de su ciudad en las municipales de 2014. Dicen que su figura como hombre “que viene de la izquierda para unir a todas las derechas”  ha dejado en un tercer plano al candidato socialista y se da por hecha una segunda ronda, es decir, que competirá un feudo de la UMP, el partido conservador francés. La apuesta heterodoxa de Ménard es vista en algunos análisis de la prensa francesa como un laboratorio: a ver qué pasa con este candidato independiente, a ver qué se consigue.

Por lo pronto, él ya copia los memes que funcionan. Robert Ménard, aliado con el partido Marine Le Pen ha heredado de su padre, figura política en Francia durante décadas, ha dicho hace poco que  ”la gente está harta y cansada de la casta política.

El Frente Nacional, a pesar de su ADN, ha descubierto que cuidando sus bases populistas puede permitirse un cierto viaje para acaparar más votantes en la derecha y hasta en la izquierda. Su auge bebe en parte de gente desencantada que queda enganchada en el lenguaje antipolíticos, nacionalista y antieuropeo del Frente Nacional; y también de posiciones más conservadoras que ven la opción de UMP desgastada o parte del problema. Ha desplegado además una estrategia para ser más influyentes en las élites económicas, culturales o mediáticas.

Les está funcionando: se calcula que un 30% de la población francesa dice identificarse con los valores que propugna Le Pen y que ya un 47% dice que el Frente Nacional “no representa un peligro para la democracia”.

Sondage TNS Sofres réalisé pour France Info, "Le Monde" et Canal Plus.

 

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10 cosas sobre democracia que nos dicen unos vídeos que los nuevos eurodiputados deberían ver

Pongamos un vídeo, que en realidad son 10. Se trata de los ganadores del concurso Radical Democracy (disclaimer: he formado parte del jurado) y van sobre democracia. Sobre cómo entendemos que funciona la democracia europea.

Dale a pantalla completa. Échate un rato hacia atrás.


Si vemos los vídeos uno a uno, cada uno cuenta una historia. Si los vemos juntos, estos y otros 20 que participaban en la final del Radical Democracy Video Call, podremos ver que hablan de nosotros. De qué imágenes y palabras elige parte de la juventud europea para explicarse.

En estos vídeos se ven muchas cosas; entre ellas estas 10:

1. Los políticos han desconectado

La mayoría de las piezas más destacadas no hablan de actualidad sino de sistema. No hay referencias a temas concretos que ocupen grandes titulares en los países de cada uno; los autores españoles no hablan de aborto; los turcos no tratan de explicar por qué temen que se haya restringido la venta de alcohol como si fuera el principio de algo más; los ingleses no se enzarzan en si son más o menos europeos.

Los vídeos hablan de un problema mayor: la desconexión entre representantes y representados. No importa para qué tema: la democracia de hoy no está preparada para recibir órdenes de sus ciudadanos. Hay un cortocircuito.

Esa brecha se representa en varios vídeos muy críticos con los políticos como un todo, como ‘una casta’, sin dejar huecos a matices o excepciones; en esos vídeos, no hay unos políticos malos (los que mandan) y unos buenos (los que no mandan). Son todos parte de un sistema que no funciona.

En el caso de ‘Boxer’, el más explícito, básicamente lo que se dice es: un perro tiene las mismas cualidades que un candidato electoral para cumplir con nuestra voluntad y resolver nuestros problemas.

Los animales dan mucho juego, desde Orwell; aquí, los políticos son patos.

Este desacople entre gente e instituciones se expresa también muy claramente en (S)laughter con una idea muy sencilla: poner en boca de ciudadanos de a pie frases pronunciadas por sus representantes.

Hay otros vídeos que trabajan en esa línea, como el satírico spot electoral del Partido Contra los Ciudadanos, una parodia sobre las promesas electorales.

2. Los medios de comunicación son cómplices

Ay, los medios.

Hay varias referencias a los medios de comunicación no como cómplices de la ciudadanía sino como un blindaje cultural de ese poder poco concreto que ha secuestrado nuestra democracia y la mece en su regazo. Los grandes medios de comunicación son la nana que hacen la criatura democrática quede entre dormida acomodada en ese regazo, que marca el ritmo de la canción.

El caso más explícito es el de quizá el vídeo más espectacular de todos: ‘Tornistán’. Dibuja el contraste entre lo que sucedía en la calle durante las revueltas en el Parque Gezi de Estambul y lo que salía por la televisión en esos momentos. Todos los hechos representados son reales: aquella noche de gases y heridos – luego muertos – en la tele estaban echando un documental de pingüinos, mientras la señal en directo sí estaba en cadenas internacionales.

En una sociedad de grandes corporaciones de la comunicaciones con intereses comerciales de todo tipo, la democracia se define por aquellos mismos que la ponen en peligro. Esa idea subyace en este vídeo que usa archivo y remix (y no es el único en hacerlo), Democracy.

Llama la atención entre tanto escepticismo ante el mecanismo electoral un vídeo: Don’t vote under 25! Se trata de un juego de psicología inversa para pedirle a la gente joven que vaya a votar para solucionar sus problemas.

3. Las redes nos permiten soñar, pero cuidado con las pesadillas

También Tornistán es el ejemplo más claro de qué amanece como la contraposición a la falta de confianza en esas instituciones que también son los medios de comunicación. La red.

La red rompe la censura. La red exige a los medios y a los políticos que cuenten la verdad; e identifican las mentiras. La red devuelve las ideas mediáticas al espacio común de conversaciones, donde son debatidas y enriquecidas.

Pero ojo: la tecnología tomando nuestras vidas puede también producir pesadillas, como la que se presenta en Welcome To Oxmouth, una ‘Smart City’ distópica que vampiriza a sus ciudadanos para el beneficio de los de siempre. La interactividad como esclavitud; el Big Data como materia prima del control social y la ingeniería social. El progreso como enemigo.

4. Esta generación tiene su propio lenguaje; dejadnos innovar

Esa confrontación con una democracia insuficiente con la que sus vigilantes, los periodistas, han sido benevolentes, contrastada con una nuevo espacio de acción individual y colectiva, Internet, produce nuevas narrativas políticas.

En los vídeos finalistas de la convocatoria no hay apenas iconografía política clásica. No predominan los puños en alto, de un lado, ni las demonizaciones directas al comunismo del otro; no son vídeos contra Erdogan, o Rajoy, o ningún comisario europeo. Hasta el vídeo finalista italiano, Italia 2030, juega con Berlusconi como una anécdota histórica dentro de un proceso mucho más global de banalización de la política y recorte de libertades.

En vídeos como este mismo de Italia vemos una referencia al programa de televisión Gran Hermano. No es la única; hay dos más entre los 30 finalistas. La publicidad es fuente constante de inspiración. La televisión como distorsión y fábrica de pesadillas. Máscaras de Anonymous.

Sí hay excepciones en cuanto a la concreción ideológica. El más claro es que de la española @filosofafrivola, un vídeo explícitamente feminista (el único entre los finalistas).

Un caso muy interesante en el que detenerse es el de #OcupaElDinero, del colectivo español Terrorismo de Autor, que es una acción activista en sí misma, real: varias personas con caretas ingresan en el banco billetes con mensajes políticos escritos.

Estos mensajes, que pasan a estar en el sistema bancario y cabe pensar que pasando de mano en mano y de cartera en cartera, recogen citas de personajes históricos (los de las caretas) como Mao Tse Tung o Karl Marx o Ghandi.

Pero, a la vez, la carga de identidad política del vídeo se reorienta con otros invitados más contemporáneos, como el caso del mítico Ecce Homo de Borja, convertido en obra maestra involuntaria de la remezcla y la sociedad en red.

5. Ya, y esto ¿cómo lo arreglamos?

Hay pocos vídeos entre los finalistas que apuesten por alternativas políticas concretas a gran escala. Hay abundancia en la diagnosis; hay escasez en el tratamiento.

En las producciones audiovisuales mediactivistas o periodísticas que se han publicado al calor de las grandes movilizaciones de los últimos años suelen estar presentes dos elementos: la construcción del mito de la política en red y la recuperación del mito de las asambleas.

De la parte digital de esa política en red ya hemos hablado. Hay una parte analógica, la de la potencia de la autonomía del activismo político. En los vídeos no se transmite la sensación de que sería necesario un gran partido o plataforma que tumbara todos los defectos y cortara todas las ataduras de esta democracia, pero sí hay abundancia de pequeños dispositivos con mensajes incisivos, que a través de la difusión generan impacto cultural, social, político.

Ejemplo 1. El más claro. #OccupyTheMoney, ya lo hemos desgranado. Qué pena que no apuntaran los códigos de los billetes, porque ahora los estaríamos rastreando en EuroBillTracker.com

Ejemplo 2. ‘The Scale of The Balance’. Muestra una iniciativa individual, una acampada, que deriva en una red de  apoyo mutuo donde no aparece ninguna institución sindical referenciada, y que tumba al poder establecido no con sus mismas herramientas de poder sino a través de la deslegitimación.

Ejemplo 3. Un hackeo visionario del tranvía de Estambul

Aunque este es el tipo de referencias que más abundan, hay también referencias a fórmulas más clásicas. La más claras son ‘Hope Area #2’, que ya desde el título impulsa una visión idealizada de las asambleas que se montaron en París como eco de las movilizaciones del 15M en España y Occupy Wall Street, y sobre todo este ‘Radical Democracy in Practice’:

6. Sin violencia a pesar de la violencia

Hay una violencia representada con formas sofisticadas e institucionales, la que vampiriza ciudadanos en Welcome to Oxmouth o la que mete cabezas en bolsas de la compra. La de las fronteras. La policial. También la que descuartiza animales en la carnicería de ‘Le complexe de la viande’.

Está menos representada, sin embargo, la violencia como respuesta o apuesta de los que protestan. Solo aparece directamente en uno de los vídeos de entre los 30 finalistas, It’s a Riot.

7. La ciudad es el lugar de la política global

La ciudad es el espacio de la geopolítica. El urbanismo el es el escenario de la tensión y la violencia; de la tiranía y de la salvación. De la frustración y el alivio.

Desde los árboles del Parque Gezi de Estambul hasta la acampada en la zona moderna de Paris; desde el tranvía de la calle Ikstalal hasta los cajeros automáticos de una calle de Madrid; desde una fábrica a las afueras de Belgrado a una mezquita en Bosnia. Los lugares son importantes; los vídeos están atados a una geografía para poder contar su historia global. Y en el imaginario del que los ve está la Puerta del Sol de Madrid, los transportes de Sao Paulo, el Taksim de El Cairo o el Gamonal de Burgos.

8. ¡Bajad los impuestos! ¡No, subidlos!

Una cosa es lo que explícitamente nos dicen los vídeos y otra cosa es las ideas que subyacen, intencionadamente o no. Y esas ideas son variadas. No hay una hegemonía ideológica en la convocatoria, aunque predominen valores liberales.

El vídeo Boxer dice que los impuestos son malos y probablemente muchos de los personajes invitados a #OccupyTheMoney, por ejemplo, sugerirían una subida de impuestos a las clases más pudientes.

El vídeo Koit from Lauküla, preciosa estampa de una Europa rural y remota, da voz a argumentos euroescépticos, nacionalistas y un poco xenófobos, aunque en a boca de esta mujer parecen como un canto al hastío más que al rechazo.

Hay otros ejemplos, en cambio, que defienden una Europa social interrelacionada.

9. Así es el mapa de los héroes vulnerables

Entre los 30 vídeos más importantes sobre democracia en Europa de esta convocatoria hay hasta 5 que tienen como un elemento central la historia de una migración. El dibujo de un mapa europeo con fronteras políticas, las oficiales, y las fronteras de la empatía, que nos hace compartir problemas con una checa que viaja a Reino Unido o con un birmano que viaja a España.

El corto documental que cuenta la experiencia de Kumara es, además, una extraordinaria pregunta sobre la libertad.

10. ¿Qué pasaría si estos vídeos conversaran entre sí?

Así, sin quererlo, estos 30 vídeos — y podríamos ratificar este análisis con los más de 200 que se han presentado a la convocatoria — ponen una conversación encima de la mesa del Parlamento Europeo para esta próxima legislatura: la tantas veces cacareada y nunca acometida refundación de la democracia. Para protegerla. Ya que todo el mundo asume que las instituciones europeas deben ser más democráticas, que tiene trabajo por delante, digamos que tienen la oportunidad de innovar y no solo de copiar lo que ya existe para salvar la papeleta.

Si estos 30 creadores, cada uno desde su isla desierta, han izado banderas con cierto parecido, imaginemos qué puede pasar si hubiera puentes entre esas islas. Si estuvieran en contacto. Si lo radical fuera, sencillamente, que hubiera conexiones en vez de cortocircuitos.

An English versión of this article is available here

 

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Melilla: dos fotos de ciudadanos y un trabajo periodístico

Hay dos fotografías de las últimas horas en Melilla que han impresionado a medios y lectores. Las dos están en la portada de la mayoría de los medios de comunicación, ayer de los digitales y hoy de los impresos. Ninguna de las dos ha sido realizada por un periodista, aunque sí localizadas y difundidas gracias a las fuentes de periodistas. La primera es esta, distribuida por la agencia Colpisa.

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Durante unas horas se difundió por error que el autor era Jesús Blasco de Avellaneda, colaborador de eldiario.es y de varios medios más – entre ellos, Colpisa – cosa que no habría sido extraña porque a él le debemos otras capturas como estas. Pero no.

La foto ha sido utilizada, como era predecible, para reforzar el discurso del “alarmismo social” con el que el Gobierno intenta intoxicar a los medios. Pero eso no es un problema de la foto, ni de lo que se ve en ella, sino de los intoxicados y los que se dejan intoxicar. Del contexto y el enfoque que le aportemos a la imagen.

La segunda foto también es anónima. Y extraordinariamente dura.

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La ha conseguido el periodista Ángel Calleja, de 20minutos, que ha trabajado durante horas no solo para poder tenerla sino para poder verificar que se trataba de una foto real, que retrata lo que efectivamente parece que retrata: las heridas desgarradoras en el cuerpo de una de las personas que saltó ayer que producen las cuchillas que el Gobierno ha reinstalado en la valla de Melilla.

Estas fotos nos enseñan mucho, muchísimo, sobre lo que ocurre en la valla, pero no, no se explican solas. Hay que contar que las entradas por la valla son una ínfima parte de la inmigración “sin papeles” que hay en España: la de los saltos son imágenes espectaculares pero que no son representativas de la inmigración en España. Y que  insinuar conceptos relacionados con la invasiones por la entrada de 500 personas es, cuanto menos, irresponsable y desproporcionado.

Y también nos cuentan que los métodos de “rechazo” de inmigrantes son incompatibles con la empatía. Podemos discutir qué hacer con las fronteras, si abrirlas más o cerrarlas más. Pero, sea cual sea la política migratoria, lo que es intolerable es que pase de este modo. Si se les quiere parar, tendrá que ser de otro modo. Así no.

Y luego hay conclusiones otras más sutiles e interesantes para periodistas y ciudadanos activos: que esto lleva pasando décadas y que ahora nos enteramos más a menudo, como ocurrió con las primeras imágenes de la intervención policial durante la tragedia de Ceuta, porque ahora hay personas grabando y compartiendo. Y periodistas que saben escuchar y verificar.

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Las armas de destrucción masiva que crearon una Escuela de Periodismo en la BBC

En menos de 24 horas he tenido contacto dos modelos de formación periodística desde dentro de grandes medios. El jueves por la tarde estuve en Barcelona, invitado por el Colegio de Periodistas de Catalunya, compartiendo una charla con Matthew Eltringham, director del BBC College of Journalism, es decir, la academia de periodismo de la BBC. El viernes, en Madrid, fui a dar una clase al Master de El País, en su Escuela de Periodismo.

Edificio de la redacción de El País (cc juanlusanchez)

Edificio de la redacción de El País (cc juanlusanchez)

En el Máster de El País estuvimos compartiendo la experiencia de la fundación de Periodismo Humano y de eldiario.es con alumnos que, por primera vez, no estudian en la Escuela de Periodismo de PRISA tanto por la posibilidad de que algún medio del grupo les contrate sino por aprender un estilo de periodismo que luego puedan aplicar en sus propios proyectos, lanzados desde fuera con el conocimiento que aprendan dentro. Este máster es el icono más potente de la apuesta de algunos grandes medios por dar servicios de formación también para generar también unos ingresos libres de intereses secundarios. Es un modelo con sus aristas pero aceptado en el mundo de los medios y muchos hemos colaborado con instituciones educativas o medios en este tipo de formación especializada.

Charla

Charla con Matthiew Eltringham, de la BBC College of Journalism (c Jordi Salinas)

Otra cosa es el modelo del BBC College of Journalism, que es una declaración de intenciones en forma de institución. No es solo una escuela de la BBC para licenciados en periodismo o para trabajadores de otros medios, sino una academia de formación interna: su función no es tanto formar a profesionales de fuera de la BBC a cambio de dinero sino formar a periodistas de dentro de la cadena para mantener actualizados y revisados sus conocimientos y prácticas.

El BBC College of Journalism nació en 2005. Y las razones de su nacimiento son especiales porque parte de una crisis de credibilidad.

En plena fase de búsqueda de pruebas y excusas para lanzar la guerra de Irak en 2003, la BBC dio por buena la información de David Kelly, un experto en armas biológicas del ministerio de Defensa que le contó off the record a un periodista de la BBC que Irak estaba preparada para atacar por aire a Reino Unido en cuanto quisiese, con armas de destrucción masiva, en un margen de 45 minutos. El periodista de la BBC rompió esa norma del periodismo de no publicar lo que alguien te cuenta en secreto  y aquel dato se convirtió en uno de los principales argumentos de gobierno de Tony Blair para sumarse a la intervención de George W. Bush contra el régimen de Saddam Hussein; y, como tantas otras cosas de aquella maniobra, resultó ser una información falsa. David Kelly, la fuente de la BBC, se suicidó.

Aquel gran error de la BBC abrió una crisis pública y, más importante, una desconfianza corporativa hacia las maneras de trabajar. Se revisaron las estructuras y fue entonces fue cuando se decidió poner en marcha la escuela de periodismo de la BBC, por la que anualmente pasan reporteros, técnicos, corresponsales o colaboradores, a los que se les recuerda qué y cómo se espera de ellos.

Eltringham nos contó estas y otras cosas en la charla en Barcelona. Nos dio además la perspectiva de la BBC en el uso de Internet dentro de los flujos de la información digital. Es una postura clásica – claro, es la BBC – pero muy bien definida de cómo debe ser la relación entre periodistas y redes. Nos contó que los periodistas de la BBC, por ejemplo, no pueden expresar opiniones personales en sus redes sociales sobre los temas que cubren.

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