Libia: la importancia de poder llamar a casa para decir "estoy vivo"

Eres tunecino y quieres volver a tu país; eres egipcio y quieres huir de una inminente guerra civil; eres negro y tienes miedo de las campañas racistas que toman cuerpo; eres de Bangladesh y en tu interminable camino a Europa te ha estallado una revolución en la cara. Eres una de las cientos de miles de personas que se apretujan contra la frontera de Libia, intenando salir. Quieres ser uno de los 140.000 que ya lo han conseguido. Pero llevas días intentándolo… y puede ir para largo.

No dejas de pensar: debería llamar a casa. Decirle a mis padres, a mis hermanos, a mi niños, que estoy bien; que esto va lento, que nos falta agua y comida, que dormimos al raso, que los llantos de los niños retumban por todas partes… pero que estoy vivo. Que estoy vivo. Seguro que están muy asustados viendo la televisión o leyendo lo poco que salga en el periódico local. Deberías llamar a casa pero no tienes teléfono; o se te quedó sin batería y no hay un enchufe libre en muchos kilómetros a la redonda; o lo perdiste. O lo tuviste que vender.

Dejemos la ficción, aunque sea solo por respeto a las historias reales, pero conservemos la sensación – la necesidad de decir “estoy vivo” – para comprender la importancia de que, entre todo el caos y en una situación que ya se define como crisis humanitaria, de pronto veas un cartel escrito a mano apoyado sobre el capó un coche: “Llama a tu familia”. Gratis.

“En cinco días, hemos hecho posible más de 2.000 llamadas”, nos dice Allan Sebastian, técnico de la ONG francesa Telecomunicaciones sin fronteras (TSF) a la que pertenece ese coche con ese cartel. Llegó el 24 de febrero con otros tres compañeros y llevan 5 días instalando cada mañana dos puestos de telefonía satélite en los lugres más concurridos: el control fronterizo de Ras el Jedir y el campo de refugiados de Choucha, la gran sala de espera de esta situación.

Cada persona tiene 3 minutos para hacer su llamada. “La mayoría de la gente los utiliza para llamar a sus familiares”, nos cuenta Allan, “y se les oye gritar de alegría, llorar. Muchos de ellos llevan una o dos semanas sin poder hablar con nadie”.

A Allan le ha emocionado especialmente el caso de una mujer egipcia que llegó al coche de TSF con sus dos hijos, “el pequeño tendría como 2 años y el mayor unos 8″. Su marido había muerto y comenzó su camino a la frontera con sus niños y con su hermana, a la que perdió entre tanta multitud. “Esta mujer había vendido su teléfono y no tenía forma de encontrar a su hermana”. Lo hizo gracias a sus 3 minutos de teléfono gratis.

Otro caso menos habitual sucedió el día 25. Dos jóvenes de Mali, Masi y Mohamed, acudieron a la frontera sin papeles y sin pasaporte. Como hemos dejado caer antes, ser negro en Libia es ahora mismo un plus de peligrosidad tras los rumores que hablan de subsaharianos contratados como mercenarios por el régimen de Gadafi. Masi y Mohamed pudieron llamar a la embajada de Mali en Túnez y al cabo de unas horas un coche llegó hasta la frontera para sacarlos de allí y devolverlos a su país.

Y como esas, 700 historias por día. “Cada vez viene más gente”, dice Allan. Cada vez la cola alrededor de su coche es más larga. La mayoría de las personas, extranjeros que trabajaban en Libia de forma permanente o como paso previo en su camino a Europa: de Mali, de Ghana, de Filipinas, de Somalia, de Vietnam, de Pakistán, de Bagladesh, de Corea, de Marruecos… “De China también hay muchos, pero el Gobierno chino ha puesto sus propios puestos de atención y comunicación”, nos cuenta Allan.

Los equipos de Telecomunicaciones sin fronteras, que han recorrido 60 países desde 1998, se han utilizado también estos días para proporcionar conexión a Internet vía satélite a las organizaciones humanitarias que trabajan en el terreno. Personal de ACNUR, de la Media Luna Roja o médicos tunecinos han podido coordinar sus trabajos gracias a los minutos de conexión facilitados por TSF. Desde el sábado, parte del campamento de refugiados tiene WiFi por satélite para los trabajadores de servicios de emergencia.

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Invierte en un grupo con 200.000 años de experiencia: el Ser Humano

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Parece el spot de una gran empresa de energía, o de un grupo multinacional que acaba de cambiar de logo, o de un banco. Ése es el juego al que han querido jugar las ONG de desarrollo españolas, el de la ironía, para denunciar precisamente la perversión del lenguaje corporativo y, sobre todo, para provocar una reflexión sobre una sociedad que “privilegia a las economías más poderosas y cierra los ojos a las desigualdades que hay en el mundo”.

The Humans Group es un holding ficticio, que no aglutina capitales sino personas con ideas que inverten en “un valor que ha demostrado que puede superar cualquier crisis; un grupo con más de 200.000 años de experiencia y con presencia en 204 países; con más de 7.000 millones de miembros en todo el mundo: el Ser Humano“.

Las ONG quieren enseñar su trabajo, “muy bien considerado pero poco conocido”, nos dice el presidente de la Coordinadora Eduardo Sánchez. “Queremos que la gente entienda mejor lo que hacemos, para que se sumen con nosotros a la lucha contra la pobreza”, comenta, y por eso el vídeo termina con esta frase: “Las ONG de desarrollo hacen más de lo que imaginas”.

La campaña es un claro ataque contra el ‘mercadocentrismo’, una oposición política a que se prefiera “tener contentos a los mercados en vez de tener contentas a las personas”, en palabras de Eva Sarto, vicepresidenta de la Coordinadora. The Humans Group se respalda en una página web donde además de los materiales para la difusión en redes sociales, se puede acceder a las diferentes organizaciones, “de todo el espectro, desde el más progresista hasta el más conservador”, que apoyan el mensaje. Un lugar para invertir.

Los responsables de la coordinadora, además, vaticinan un 2011 movidito, “donde tendremos mucho trabajo de incidencia política”, que es como se conoce en el sector a la labor de concienciación con los partidos políticos, para que éstos se comprometan en sus programas electorales y actitudes personales a apoyar los proyectos de cooperación. “Hay que salir del discurso economicista y facilitar que la sociedad deje de estar desmovilizada”, según Atonio González, también miembro de la Coordinadora, que no descarta que si The Human Group tiene éxito pueda servir como centro de movilización de cara al futuro.

Algunos datos

Crisis y pobreza:

  • Los países desarrollados destinaron 18 billones de dólares para el rescate de los
    bancos, una cifra 120 veces superior a los recursos adicionales que se necesitarían cada
    año para cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
  • La crisis ha generado 30 millones de personas paradas en el mundo, elevando la cifra
    total de paro a los 210 millones.

Conexiones de un mundo globalizado:

  • La evasión fiscal realizada por empresas multinacionales en África, en 2008, supuso el
    7% del PIB, lo que permitiría cancelar 250.000 millones de dólares de deuda externa y
    dejaría a disposición casi 600.000 millones para luchar contra la pobreza.
  • Cuando Rusia decidió cerrar sus exportaciones de cereales, en el verano de 2010, los
    precios de los alimentos aumentaron a nivel mundial.
  • Más de la mitad de los países donantes recortaron en 2009 sus presupuestos de
    ayuda al desarrollo, reduciendo en un 25% la ayuda que reciben los 71 países más
    pobres del mundo. Con esta decisión, incumplieron sus compromisos.

Si continúa la tendencia actual, en 2015…

  • 97 millones de menores seguirán sin escolarizar.
  • 36 millones de personas morirán de tuberculosis.
  • 74 millones de personas morirán de sida (puede retrocederse a niveles de hace 10 años)
  • Hasta 2020, algunos países de África podrían perder más de una cuarta parte de su
    población activa por causa del Sida.

ONGD:

  • Más de 2 millones de personas en España apoyan de diversas formas a las ONGD.
  • Las ONGD españolas trabajan en más de 125 países.
  • De las 8.000 personas contratadas por las ONGD españolas, más de 3.200 son de países empobrecidos (que son quienes dirigen los proyectos de desarrollo).
  • Aunque las actuaciones que más se conocen son las humanitarias, suponen solamente el 10% de los fondos ejecutados por las ONGD

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iHobo: pon un pobre en tu iPhone

Si no le ayudas a conseguir comida, se muere de hambre. Si no le prestas algo de abrigo, se muere de frío. Si no le das algo de dinero, no podrá arreglárselas por su cuenta. Una ONG británica, DePaul, preocupada porque solo consigue donaciones de gente muy mayor, ha recurrido al ‘efecto tamagochi’ para ver si así consigue concienciar sobre los problemas de la indigencia a los usuarios de iPhone, el teléfono que marca tendencia de lo moderno.

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Momento del juego. Entre las opciones que puedes darle a "tu iHobo" hay un saco de dormir, un sandwich o algunas monedas. Si le das dinero cuando está en un mal momento, irá a por drogas.

Se trata de la aplicación gratuita para el iPhone iHobo, que desde el 30 de abril está disponible en Reino Unido. Una persona sin casa, sin dinero y sin trabajo “vive” en tu teléfono durante tres días. El móvil suena cuando necesita algo. Los usuarios tienen que tomar decisiones sobre la vida virtual de esta persona y prestarle apoyo emocional. Si no eres responsable, el sintecho empezará a tener problemas con las drogas, sufrirá alteraciones nerviosas y puede que te despierte a las tres de la mañana pidiendo ayuda o que finalmente muera. “La idea”, dicen desde la ONG, “es que los jóvenes aprendan a ponerse en su lugar y sepan cuáles son sus necesidades sociales”. Al final del juego, aparece una pantalla para que dones dinero para atender a “sintechos de verdad”.

En la red hay ya comentarios de quienes lo han probado: “Una de las pocas aplicaciones que me he bajado y que realmente tiene un mensaje detrás”, dice uno.”Potente, sencillo y efectivo; buena idea”, dice otro. “Es divertido! Aunque la verdad es que no sé si me voy a resistir a ver cómo puedo hacer que mi vagabundo se muera de hambre, jejeje”, apunta otro comentario, y no es el único que se expresa en este tono.

Cuando se unen creatividad y problemas sociales casi siempre viene en el lote algo de polémica. Debates sobre los límites. Hemos llamado a John Wood, de la agencia de publicidad Implicate.org, que trabaja exclusivamente con organizaciones sociales o proyectos como periodismohumano (nuestro vídeo es de ellos). “Este tipo de campañas me parecen muy bien siempre que sea algo bueno para los objetivos de la ONG, que es lo que cuenta, y no sea un pufo para que la agencia de publicidad que lo ha hecho llame la atención o gane premios, que también pasa”, nos dice.

Uno de los trabajos más polémicos y famosos de Implícate fue SofiaSexy.com, una web que hacía creer al usuario que estaba en trato directo con una mujer procedente de Polonia que ofrecía sus servicios sexuales para luego ‘colarle’ información sobre violencia de género y trata de blancas. “Después de toda la polémica”, nos dice Wood, “nuestra conclusión es clara: hay que arriesgar. Si no, no llegas a la gente que te interesa”. También nos cuenta que en su trabajo diario nota “cierto purismo y exceso de corrección en muchas organizaciones, mucha lupa para que nada se interprete mal. Es lógico, a fin de cuentas manejas las miserias ajenas”.

Una persona duerme en las calles de Madrid (Wikicommons)

Queríamos saber también la opinión de la EAPN España, que agrupa a varias organizaciones europeas de lucha contra la pobreza y la exclusión social. Más allá de esta campaña en concreto, en EAPN no apoyan aquellas iniciativas que no cuenten con “la dignidad” de las personas afectadas. “Apostamos por dar voz a las personas” que están en esa situación, “dándoles oportunidades de participar, expresarse y proponer”. Su trabajo de promoción va más en el camino de “hacer visibles a las personas, destacar el papel que juegan las ONG de acción social en el apoyo a estos colectivos y fomentar el debate en los medios de comunicación sobre cómo se tratan los temas relacionados con la pobreza”.

De un lado, una sociedad que casi nunca reacciona a nada que no sea lúdico, ocioso o vinculado a las tendencias. De otro, organizaciones que se desgañitan y que muchas veces sólo son escuchadas por los que ya están convencidos. Sus ideas se convierten entonces en una materia prima más del márketing, cuyo trabajo es codificar el mensaje de manera que sea apetecible para el ciudadano. Y los ciudadanos tenemos móvil, que usamos a veces para jugar mientras andamos por la calle, quizá pasando junto a un indigente sin reparar en él. Next level.

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Educación expandida

“La educación puede surgir en cualquier momento, en cualquier lugar”.

Podemos llevarlo al terreno de lo cotidiano: cuando debatimos sobre cualquier cosa – comunicación, ciencia, política, consumo, tendencias sociales – al llegar al segundo café o a la segunda copa o al segundo turno de palabra, ¿cuántas veces hemos dicho o escuchado “bueno, pero es que yo creo que eso es un problema de educación”?.

Admito que siempre me ha resultado irritante este planteamiento: en la mayoría de las ocasiones, la educación es una excusa, supone una vía de escape para no sentirnos culpables, un balón fuera del tema del que se está hablando. Así, los periodistas no podemos mejorar el periodismo porque se cimienta sobre un problema de educación en valores, de educación en consumo de medios. Así, los escritores no pueden hacer una literatura mejor porque su oficio depdende de unos lectores que no están bien formados. Así, la política se desprestigia a sí misma intentando satisfacer las demandas de iniciativas y mensajes de un electorado falto de miras y valores. Así, “la culpa no la tengo yo, la tiene esta sociedad, que tiene un sistema educativo malo”.

Y hablamos como si la sociedad la hicieran otros, no nosotros mismos. Y hablamos como si la educación quedara únicamente dictaminada por leyes orgánicas, sitemas educativos o profesores obsoletos.

Por eso, para mí no puede ser más interesante el planteamiento teórico (base para el resto del evento y su programación musical y audiovisual) del que partirá la 11 edición del Festival Internacional Zemos98, que acaba de anunciar su temática: Educación expandida.

La educación puede suceder en cualquier momento, en cualquier lugar. Dentro y fuera de los muros de la institución académica. Esta es una propuesta en busca de reflexionar en torno a la idea de resignificar la educación de manera que no esté solamente circunscrita al ámbito académico-institucional. La nueva coyuntura digital supone una nueva oportunidad para recuperar la idea de reciprocidad en las formas de distribución del conocimiento.

Para este proyecto, Zemos98 cuenta con la colaboración de Juan Freire. Otra razón más.

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Europa: “pero es que yo soy así”

Europa se comporta como ese amigo que tiene problemas para relacionarse con la gente, que no cae demasiado bien: está preocupado, triste porque nadie le escucha ni le entiende, pero cuando le explicas los motivos por los que no levanta muchas simpatías, pone cara de pena y te dice: “pero es que yo soy así…”. Europa quiere que la apoyemos en los momentos difíciles y que reforcemos su estado de ánimo en épocas de bonanza, quiere que sepamos comprender sus virtudes y tolerar sus defectos. Pero casi nunca te pregunta cómo estás tú.

Busca apoyos en la gente para retroalimentar su personalidad, ya dada, ya creada, ya decidida. Y si le propones un cambio de actitud, si tratas de convencerla (porque en el fondo te cae bien) de que todavía es joven, de que está creciendo y que por tanto puede y debe reinventarse para tener más amigos y ser más feliz, Europa te mira mal y busca su consuelo en otro sitio. Si lo que pretendes es que cambie, ya no le sirves.

Un momento del debate (foto: rosajc)

Este fin de semana hemos estado debatiendo sobre Europa y comunicación en Córdoba, por invitación del Parlamento Europeo. Mi primera conclusión se intuye y es previa al encuentro: la Unión Europea es una estructura institucional que milita en sí misma. El ejemplo más claro de esa lógica del “quiero ser tu amigo, pero no me intentes cambiar porque si no me llevo el Scatergories” es la aprobación del grueso de la llamada Constitución Europea, rechazada o ignorada por los primeros referendos, a través de una puerta de atrás, el Tratado de Lisboa, que sólo se ha sometido a consulta popular en Irlanda.

La segunda conclusión es complementaria de la anterior: el Parlamento Europeo, y concretamente su equipo digital en Bruselas, está haciendo un muy buen trabajo de documentación y socialización de la información, sobre todo si se compara con otras instituciones incluso a priori más flexibles; y sin embargo, ni a los hiperconectados nos llega ese contenido. A continuación, la presentación de Bárbara Quílez, responsable de la web española del Parlamento, con las herramientas de comunicación digital disponibles para cualquiera.

La respuesta al problema hay que buscarla, en mi opinión, fuera de la conversación circular entre europarlamentarios, funcionarios europeos, periodistas políticos y ‘bloggers’: la culpa es tuya por no comunicar bien vs. la culpa es tuya porque no te interesas por lo importante. Y esa es una división artificial: porque todos tienen intención de comunicar y revisar Europa.

A los que frenan el discurso europeo hay que buscarlos fuera de las instituciones europeas: son los partidos de cada Estado a los que hay que decirles que o dejan de secuestrar el debate político europeo o la UE se hundirá entre quejidos. Tienen que asumir riesgos, ceder poder. En ese camino, lanzo dos ideas muy ambiciosas pero muy concretas:

  • En el plano de lo político, acabar con la estructura institucional actual, en la que “no hay Gobierno ni oposición”, en palabras de Bárbara Quilez o Fernando Navarro. Listas europeas, abiertas y con candidatos a presidente de la Unión.
  • En el plano de la comunicación, la creación de una red de medios de comunicación públicos paneuropeos. No una red dividida en estados. Una red dividida en temáticas (agricultura, energías, sociedad de la información, cultura, tecnología…) y formatos, que sirva para genererar un contenido europeo para el debate europeo, sin depender de medios nacionales, siempre al servicio de la polémica local. Un modelo público de prestigio al estilo BBC, traducida a todos los idiomas (si cafebabel.com puede, la UE también) y probablemente a través de Internet.

Sólo con la conjunción de ambas cosas, habría una base para crear una narrativa europea, una construcción social y no sólo institucional.

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Nace Actuable, un concentrador de activismo digital

Hemos navegado por actuable. Esta es una captura de pantalla tras firmar una acción.

Vas por la calle una tarde con buen tiempo y te sale al paso un chico con un peto y una carpeta dura sobre la que apoya unos formularios. “Perdone, ¿puede firmar para apoyar la investigación de la vacuna del SIDA?”, te dice apresurado mientras tú apresuras tu paso como de forma inconsciente. Algo dentro de tu cerebro te dice “sí, claro que puedo firmar; cómo no voy a firmar por eso”, pero otro algo dentro de tu cerebro te dice “no te pares, ahora no te puedes parar, no te pares que te lías”. Y no te paras la mayoría de las veces, y te quedas con mala conciencia.

Internet ha cambiado eso. Ha cambiado la forma en la que se nos pone alerta de los problemas. Ha cambiado la forma y el número de fuentes que podemos y solemos consultar para formarnos una opinión. Y ha cambiado la forma en la que damos nuestro apoyo a las causas que creemos justas. Inspirado por todo eso, ayer nació Actuable, una plataforma digital de activismo que pretende concentrar la acción en red.

Actuable quiere “multiplicar la capacidad de influencia de los ciudadanos a través de una comunidad online de personas y organizaciones sociales que unen esfuerzos para transformar el mundo”, nos dice su director Francisco Polo. La mecánica que han escogido es sencilla: “una persona o una organización describe una situación que quiere cambiar, redacta una carta e introduce el correo electrónico del destinatario ante el que se quiere protestar”. Hasta ahí, hay otros muchos sitios que lo hacen. “La novedad es que tras redactar la petición la comunidad de usuarios se encarga de firmarla masivamente, dando a conocer públicamente la injusticia denunciada”.

En Actuable, los usuarios no votan noticias o posts de un blog, sino que dan su apoyo – con registro, nombre y apellidos – a una campaña de activismo online. Hay un tiempo límite para firmar y puedes trasladar el módulo de votaciones a tu página web o blog personal.

En el día de su lanzamiento, Actuable ya tiene varias campañas en marcha: una contra la venta de agua mineral embotellada, otra en defensa de la neutralidad de la red y otra contra las visitas del Papa pagadas con dinero público. Actuable tiene valores ideológicos: “uno de ellos es el progresismo”, explica Polo, “la defensa de derechos y libertades civiles, la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y por el desarrollo. Si alguien quiere proponer campañas que no vayan en esa línea, les explicaremos que actuable no es el lugar”.

La financiación de Actuable depende de las organizaciones sociales que quieran contratar servicios extra con ellos, que pueden ir desde la promoción especial de sus campañas hasta que la empresa les ponga en contacto con usuarios de la comunidad con perfiles que encajen en los intereses de la organización. Actuable quiere ser la versión digital y participativa del chico del peto y la carpeta.

“Todos los que estamos en el equipo somos emprendedores”, nos dice Francisco Polo, que se hizo popular en ciertos círculos de Internet al protagonizar una campaña digital contra las bombas de racimo que acabó por llegar al Congreso de los Diputados; ha trabajado para Amnistía Internacional y ahora diseñando estrategias de comunicación digital en el PSOE. Otra figura a bordo de Actuable es Álvaro Ortiz, que ha trabajado durante años en una de las consultoras más importantes de Internet, The Cocktail, y que ha sacado ya adelante proyectos como Partigi, Mumumio o Nvivo.

Revolución online o activismo de salón

Sobre todo tras la campaña contra la represión del régimen de Irán contra la llamada Revolución Verde, después de las elecciones presidenciales de 2009, una cierta crítica ha rodeado al denominado despectivamente ‘activismo de salón’, ese que se dice que se hace desde el sofá, haciendo click sobre las pestañitas de Twitter o Facebook. “La obsesión por el seguimiento de los clicks realizados convierte el activismo digital en clickactivismo, que ha arruinado el activismo de izquierdas”, dice un colaborador de The Guardian en un artículo que la web Masticable resume en conclusiones como estas:

  • El problema es que este modelo de activismo abraza sin crítica la ideología de la comercialización.
  • Se acepta que las tácticas publicitarias y de estudios de mercado usadas para vender papel higiénico pueden también construir movimientos sociales. Esto manifiesta una fe excesiva en el poder de la métrica para cuantificar el éxito. Así, todo lo que hacen las y los activistas digitales es controlado y analizado.
  • Promueve la ilusión de que navegar por la web puede cambiar el mundo. El clicktivismo es al activismo como McDonald’s es a la comida que se cuece a fuego lento.
  • Cualquier activismo que acepta acríticamente la mercantilización de cambio social debe ser desestimado.
  • El activismo digital es un peligro para la izquierda. Sus ineficaces campañas de márketing difunden cinismo político y desvían la atención de los movimientos genuinamente radicales.

El equipo de Actuable no esta de acuerdo en el fondo de ese discurso. “No podemos decir que el activismo online sea menos activismo que el tradicional porque ocurra delante de un ordenador, precisamente porque Internet permite que la gente que no tiene tiempo para estar dedicada al cambio, puede sumar su esfuerzo a su manera”, dicen sus responsables. “Ya no es el mismo pequeño grupo de personas la que está en todas las causas, sino que se pueden unir miles”.

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Radioactivos 23 – la cultura de lo breve

Ya está online el Radioactivos 23, dedicado a un asunto absolutamente oportuno para comprender mejor el uso de las redes sociales, por ejemplo, estos días en Irán.

Wired

El nº de Marzo de 2007 de la revista Wired abrió portada titulando: Snack Attack!

Películas, TV, canciones, juegos. La cultura Pop viene ahora empaquetada como las galletas o los chips, en pequeños bocados para su consumo y disfrute inmediato. Es el entretenimiento instantáneo – y chaval, es estupendo.

Este programa está dedicada a la Snack Culture y para profundizar en algunas cuestines hablamos con Carlos Albaladejo, especialista en comunicación digital. Cristina Dominguez, aka La Bámbola, en su Escenicofrénica nos trajo un pequeño reportaje sobre la exposición de los actores y actrices en las redes sociales, y Mr MM con su sección Rudio blanco en la cabeza de una vaca donde, a través de la reinterpretación de las miniaturas de Kurtág, nos regaló la pieza de archivo-palimpsesto de esta semana.

Por mi parte, la sección la dedicamos a hablar de cómo la experiencia en el periodismo político (o en la política de declaraciones) nos enseña a mirar con cautela una cultura de lo breve que en el mundo de la información corre riesgo de convertirse en la cultura de los slogans.

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Comparto algunos apuntes que hemos usado para vertebrar la conversación:

1. Lo breve sirve para expresar ideas; pero pretender expresar todas las ideas del mundo de forma breve es una falacia. Y además, es injusto: no tiene más razón aquel que tiene más capacidad de síntesis.

2. Sin embaro, en la política-periodismo, la cultura del snack forma parte del oficio desde hace décadas; antes de Internet. Porque los periodistas y los políticos se relacionan a base de titulares (prensa), de cortes de voz (radio), de totales (TV), todo lo que se pueda llamar ‘sound-bite‘. Solo nos llega aquello que cabe en 2 líneas de texto, en 20 segundos de voz o en 15 de imagen.

3. Esto ha convertido a la política y al periodismo político en una sucesión de slogans, de lemas, de frases hechas. No todas las ideas están preparadas para ser sintetizadas en 20 segundos; no todos los políticos o periodistas son capaces de resumir argumentos en ese tiempo. Resultado: la retórica vacía, redundante e insultona es la vía más rápida para poder tener algún tipo de efecto. Y después, los medios retwittean.

4. Internet, en su momento, permitió luchar contra esa cultura de lo breve. El hipervínculo es un snack, pero te da hambre de bocadillo. Los medios digitales y los blogs de análisis son un buen bocadillo.

5. Sin embargo, la muerte de los blogs en manos de redes sociales está trasladando esa cultura del slogan también a Internet.

Y, además, Irán.

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