La Iglesia se topa con Florentino

El Gusto de Servirle es una “empresa de inserción” nacida en el seno de Cáritas, la ONG de la Iglesia Católica, para dar empleo a personas con riesgo de exclusión social, es decir, a personas que están al borde de una situación muy peligrosa por haber sufrido violencia, discriminación, estar al filo de la pobreza o no tener las habilidades ‘homologadas’ para competir por un puesto de trabajo.

Cocina de El Gusto de Servirle

Las 11 personas que trabajan en Burgos en El Gusto de Servirle daban servicio, hasta ahora, a unos doscientos ancianos, a los que visitaban cada día para llevarles comida caliente y su ropa lavada y planchada. “Es un servicio que nosotros propusimos en el Ayuntamiento y que de hecho se creó por iniciativa nuestra”, nos cuenta el reponsable de Cáritas en Burgos, Andrés Picón. “Ahora se ha cumplido el contrato y, al sacarlo de nuevo al concurso de varias empresas, se lo ha llevado Clece”.

Clece. Ya hablamos en Periodismo Humano de esta empresa del Grupo ACS, del que es propietario Florentino Pérez, más conocido por ser presidente del Real Madrid. Clece ha aumentado vertiginosamente en los últimos años su presencia en el sector público gracias a que ha conseguido ganar concursos para gestionar casi de todo: aeropuertos, limpieza de edificios institucionales, la comida de los hospitales, jardinería, así como más de 100 guarderías públicas que en muchos casos antes coordinaban organizaciones sin ánimo de lucro o cooperativas.

Sobre Clece cae dentro del ‘tercer sector’ la acusación (moral; por supuesto nada de todo esto es ilegal) de ganar los concursos a base de hacer ofertas económicas imposibles de igualar por organizaciones pequeñas. Sobre las instituciones como el Ayuntamiento de Burgos cae la acusación (moral, de nuevo) de ceder a la presión de la oferta económica y no tener en cuenta el valor social que tienen las empresas como El Gusto de Servirle, tanto por quiénes trabajan en ella como por la calidez humana que recibe el atendido, incompatible, dicen, con la maximización de beneficios.

“Objetivamente tenemos más méritos que ellos”, dice el responsable burgalés de Cáritas. Por eso han puesto una reclamación ante el Ayuntamiento para que se vuelva a revisar la adjudicación y los criterios de puntuación, y dice que informalmente la excusa que les han dado los funcionarios es que la oferta estaba redactada de manera “demasiado infantil” y que Clece ha presentado mejor su proyecto sobre el papel. De manera formal, el Ayuntamiento se ha limitado a decir que la oferta de Clece era mejor y que respeta la decisión de recurrir la decisión que ha efectuado Cáritas.

“Las grandes empresas están desembarcando en los servicios sociales y van a acabar con nosotros“, afirma Picón. “Por mucho que diga Clece en su oferta que va a contratar a un 11% de empleados con riesgo de exclusión o discapacitados, nunca serán una empresa como la nuestra. Nosotros no hacemos esto para ganar dinero sino por un lado para dar un buen servicio a personas mayores que lo necesitan y por el otro poder garantizar que personas que están fuera de los circuitos laborales puedan comenzar a trabajar para que, dos o tres años después, puedan incorporarse al mercado normal”.

Según Cáritas, “Clece dejará de servir comida caliente todos los días, como hacemos nosotros, para empaquetar la comida cada semana y repartirla congelada cada tres días”. Picón presume además de que “los jefes El Gusto de Servirle son educadores sociales que tienen claro que es mejor perder dinero, como nos ha pasado alguna vez, siempre que se consiga la labor de inserción”. También destaca que además de preparar comida y ropa, los trabajadores de este colectivo también charlan con los ancianos y detectan problemas o necesidades de los que puedan advertir a otras administraciones.

Se calcula que en España hay más de 200 empresas de inserción que generan unos 3000 empleos dirigidos a personas con dificultades de acceso al mercado de trabajo.

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iHobo: pon un pobre en tu iPhone

Si no le ayudas a conseguir comida, se muere de hambre. Si no le prestas algo de abrigo, se muere de frío. Si no le das algo de dinero, no podrá arreglárselas por su cuenta. Una ONG británica, DePaul, preocupada porque solo consigue donaciones de gente muy mayor, ha recurrido al ‘efecto tamagochi’ para ver si así consigue concienciar sobre los problemas de la indigencia a los usuarios de iPhone, el teléfono que marca tendencia de lo moderno.

Imagen de previsualización de YouTube

Momento del juego. Entre las opciones que puedes darle a "tu iHobo" hay un saco de dormir, un sandwich o algunas monedas. Si le das dinero cuando está en un mal momento, irá a por drogas.

Se trata de la aplicación gratuita para el iPhone iHobo, que desde el 30 de abril está disponible en Reino Unido. Una persona sin casa, sin dinero y sin trabajo “vive” en tu teléfono durante tres días. El móvil suena cuando necesita algo. Los usuarios tienen que tomar decisiones sobre la vida virtual de esta persona y prestarle apoyo emocional. Si no eres responsable, el sintecho empezará a tener problemas con las drogas, sufrirá alteraciones nerviosas y puede que te despierte a las tres de la mañana pidiendo ayuda o que finalmente muera. “La idea”, dicen desde la ONG, “es que los jóvenes aprendan a ponerse en su lugar y sepan cuáles son sus necesidades sociales”. Al final del juego, aparece una pantalla para que dones dinero para atender a “sintechos de verdad”.

En la red hay ya comentarios de quienes lo han probado: “Una de las pocas aplicaciones que me he bajado y que realmente tiene un mensaje detrás”, dice uno.”Potente, sencillo y efectivo; buena idea”, dice otro. “Es divertido! Aunque la verdad es que no sé si me voy a resistir a ver cómo puedo hacer que mi vagabundo se muera de hambre, jejeje”, apunta otro comentario, y no es el único que se expresa en este tono.

Cuando se unen creatividad y problemas sociales casi siempre viene en el lote algo de polémica. Debates sobre los límites. Hemos llamado a John Wood, de la agencia de publicidad Implicate.org, que trabaja exclusivamente con organizaciones sociales o proyectos como periodismohumano (nuestro vídeo es de ellos). “Este tipo de campañas me parecen muy bien siempre que sea algo bueno para los objetivos de la ONG, que es lo que cuenta, y no sea un pufo para que la agencia de publicidad que lo ha hecho llame la atención o gane premios, que también pasa”, nos dice.

Uno de los trabajos más polémicos y famosos de Implícate fue SofiaSexy.com, una web que hacía creer al usuario que estaba en trato directo con una mujer procedente de Polonia que ofrecía sus servicios sexuales para luego ‘colarle’ información sobre violencia de género y trata de blancas. “Después de toda la polémica”, nos dice Wood, “nuestra conclusión es clara: hay que arriesgar. Si no, no llegas a la gente que te interesa”. También nos cuenta que en su trabajo diario nota “cierto purismo y exceso de corrección en muchas organizaciones, mucha lupa para que nada se interprete mal. Es lógico, a fin de cuentas manejas las miserias ajenas”.

Una persona duerme en las calles de Madrid (Wikicommons)

Queríamos saber también la opinión de la EAPN España, que agrupa a varias organizaciones europeas de lucha contra la pobreza y la exclusión social. Más allá de esta campaña en concreto, en EAPN no apoyan aquellas iniciativas que no cuenten con “la dignidad” de las personas afectadas. “Apostamos por dar voz a las personas” que están en esa situación, “dándoles oportunidades de participar, expresarse y proponer”. Su trabajo de promoción va más en el camino de “hacer visibles a las personas, destacar el papel que juegan las ONG de acción social en el apoyo a estos colectivos y fomentar el debate en los medios de comunicación sobre cómo se tratan los temas relacionados con la pobreza”.

De un lado, una sociedad que casi nunca reacciona a nada que no sea lúdico, ocioso o vinculado a las tendencias. De otro, organizaciones que se desgañitan y que muchas veces sólo son escuchadas por los que ya están convencidos. Sus ideas se convierten entonces en una materia prima más del márketing, cuyo trabajo es codificar el mensaje de manera que sea apetecible para el ciudadano. Y los ciudadanos tenemos móvil, que usamos a veces para jugar mientras andamos por la calle, quizá pasando junto a un indigente sin reparar en él. Next level.

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Mueres y la gente no recuerda ni tus apellidos

Hay entre 20.000 y 30.000 personas sin hogar en España. el 85% son hombres y con una media de edad de casi 40 años (Fotografía: Daniel Lobo)

El sábado por la noche, Isaías murió tirado sobre un colchón de los de muelles, azul, viejo, vencido, con vetas amarillas, en un rellano de la calle Etxatxu de Barakaldo, en Vizcaya. En una esquina de ladrillo visto, recubierta de graffitis aficionados y cutres, de firmas con spray que apenas se distinguen de la capa de hollín que tiñe la pared, herencia carbonizada de las hogueras del invierno.

El corazón se le paró hace casi una semana y ni las asociaciones que trabajan con personas sin hogar en Barakaldo saben siquiera cuáles eran apellidos los apellidos de Isaías. “En realidad, sabemos que le llamaban Isaías, pero tampoco estamos seguros de que ése sea su nombre real”, nos dicen en Cáritas.

Sí, sí que lo era. Isaías tenía 35 años y era toxicómano. No era estrictamente un sintecho. Tenía un piso, al menos así consta en el registro de empadronamiento, que compartía con dos de sus hermanos y que antes había pertenecido a sus padres. Hace apenas dos meses, Isaías se acercó a una oficina de vivienda a pedir información y papeles sobre la Renta Básica de Empancipación (la ayuda del alquiler) y otras ayudas asistenciales que indicaban apuros económicos. Y hubo un tiempo en el que Isaías vivía en Sestao, en una casa que había comprado al 50% con otra persona, presumiblemente su pareja. Algo salió mal.

En Barakaldo eran cuatro en la casa: los dos hermanos, Isaías y su droga. Mala combinación. Estuvo meses durmiendo a rachas en un caserío abandonado en el barrio de Retuerto, que fue derribado el pasado mes de marzo. Y de ahí a los rellanos y esquinas de la calle Etxtatxu.

Bajo el hollín y sobre el colchón, Isaías no estaba solo en la noche de su muerte. Su último subidón y la caída a los abismos los durmió con otro compañero de adicciones. “Por favor, no pongas mi nombre de verdad, me acaban de echar de casa”, le dijo a la mañana siguiente al periodista José Domínguez. La última persona que vio con vida a Isaías cuenta que había sido un sábado de excesos, que sobre las tres de la mañana volvieron a su colchón, espalda con espalda. Que cuando se levantó, su cuerpo estaba rígido. Que nunca supo sus apellidos.

Este jueves, la plataforma besteBi, que agrupa a varias organizaciones sociales, se concentraban en el centro de Barakaldo para pedir que la ciudad aumente sus servicios para los sintecho. “Esto sucede más de lo que parece”, nos dice un portavoz. “Clama al cielo que en ciudades grandes, no ya Barakaldo sino cualquier otra de más de 20.000 habitantes, no sea legalmente obligatorio que existan medios para antender a estas personas”.

Es el segundo indigente que muere de Baracaldo en menos de dos meses. En mayo, Valentín, de 43 años, entró en un cajero y no volvió a salir.

Dibujo de Spyros Derveniotis

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